12/08/09 13:54
Gordo,
Hoy te siento tan lejos de mí, que a veces me pregunto, si alguna vez estuviste cerca; o todo eso fue una ilusión, un sueño, o si fue como esas novelas que primero imagino y después escribo. Un sueño del que me desperté antes de saber su final. A veces me gustaría saber qué fue lo que nos pasó en verdad; completar la historia, para poder concretar el capítulo.
Sé que podría saberte raro todo esto. Sé que hasta cierto punto, hasta a mí me sorprende. Pero siento que llegó la hora de sincerarme conmigo misma, y por qué no, con vos también. Yo suelo ser esa persona reservada, aquella a la que conociste una tarde de invierno. Casi ni hablo de lo que siento o pienso, y mucho menos con quien acabo de conocer. Y no sé por qué desde el primer momento en que te vi, sentí que te conocía desde siempre.
Antes, me reservaba todo para mí, y todo para escribir la catársis de mi vida en un viejo cuaderno. Siempre sentí que escribiendo las cosas, no me iba a arrepentir de nada, porque sé que cuando hablo, a veces, prefiero omitir ciertos detalles; que, a la hora de escribir, no se me olvidarían. Siempre creí que las cosas escritas sonarían más convincentes. Más reales, más factibles.
Por eso elegí este medio; uno escrito. Por eso, me ahorro ese tema de llamarte por teléfono, y titubear para decirte lo mucho que me hacés falta; y te escribo un mail. Porque es tiempo de sacar los ladrillos, limpiar el polvo, y hacer lugar; porque es tiempo de que habités en mi corazón. Y de que aprendás a convivir con todo eso que albergo en él.
No sabés cuánto daría por ver tu sonrisa al recibir mi mail, ver esa cara de sorprendido, porque realmente sabés que hice un esfuerzo por escribirte más de veinte renglones, de los que siempre te quejabas porque decían nada. Qué se yo, a veces me agarran esos ataques de querer escribirte. De escribirte de verdad. Porque es cierto, me hace sentirte más cerca. Aunque sean unos extensos kilómetros los que no separan, sin contar los océanos, y todos esos hitos fronterizos. Estamos lejos, y ninguno de los dos puede dudarlo. Estamos lejos, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo.
No sé, será que hace ya varias Lunas, que no te tengo acá, conmigo. Y esto me está matando de a poco. No lo sé, qué se yo, siento que desbordo, y que no hago otra cosa más que quererte conmigo, a toda hora. En todo momento y en cualquier lugar. Y siento esa inevitable sensación de sacarte de mi mente, porque me agota pensarte, me agota no verte. Me agotás vos.
Qué podría decirte, más que, que a veces, suelo romper esa promesa que te hice de no pensarte -por lo menos no, hasta las lágrimas-, cada tanto, cuando siento una necesidad insaciable de secuestrarte de cada uno de mis recuerdos. No sé cómo explicarlo, pero sería algo así como que hay días en los que te necesito más de lo habitual. Siempre te dije que me resulta casi imposible buscarle palabras a todo esto, a todo lo que generás en mí, por el sólo hecho de que parece salido de un cuento, de un sueño.
Nunca creí que existiría para mí, algo tan mágico y hermoso como es todo eso que siento por vos. Esa necesidad de hacerte sentir bien cuando no lo estás, o de abrazarte, o de buscarte sólo para adorar tus ojos y caminar sin tener esa incómoda necesidad de hablar para llenar ese silencio mutuo. Ese sentimiento de querer cuidarte, de no dejar que nada te lastime. Siempre creí que eso, sólo existía en la ficción, que era algo exagerado; pero jamás, que me iba a pasar a mí.
Pero ya ves, todo esto es tan nuevo, que me parece difícil de creer; que necesito que apoyés tu mano en mi hombro, o que me besés luego de decirme que me amás, o que me mirés a los ojos, mientras acariciás mis mejillas. Es como ese sueño que nunca soñé.
No sabés lo que me acostumbré a tus reproches por teléfono; o a tus cursilerías, a tus frases tiernas por sms. No podrás imaginarte lo que me cuesta desprenderme. A veces, siento que nada puede calmarme más que escuchar tu voz, pero sólo me atiende el contestador. Y como una tonta me abrazo a mis piernas, con mi cabeza entre ellas, y lloro bajo mis sábanas. Tampoco sabía lo mucho que dolía sentarse a esperar un llamado que no iba a ser.
Últimamente me siento perdida, estamos más lejos que nunca. Vos allá, yo acá. Vos en otra galaxia, y yo sigo en el mismo mundo. Nos separa una eternidad. Ya no sé si allá es de noche, o de día. Si estarás cenando, o almorzando, o quizá, desayunando. Ya no sé si miramos el mismo cielo, si vemos las mismas estrellas; si nuestro horizonte es el mismo. Ya no sé qué esperar. Ya no sé qué pensar ni sentir. Ya no tengo tus brazos para refugiarme de este oxigenado mundo que a toda hora complota contra mí. Ya no tengo maneras de sentirte más cerca; lo intenté todo, desde escuchar antes de dormirme tu música, hasta pasarme horas enteras pensando en vos. No sé cómo hacer para traerte de vuelta.
Tampoco sabía qué y cómo era sentir un nudo en la garganta y ganas de llorar y no poder dormir en paz por tenerte lejos, y no poder hacer nada sabiendo que cada vez, te alejabas más y más de mí.
A veces, abrazo uno de los tantos peluches que me regalaste, para ver, si dejo de sentir este vacío en el pecho, esta soledad que me ahorca, este sentimiento de que me estoy ahogando en mis propias lágrimas. Sólo consigo aliviar el dolor por un par de horas, pero cuando abro los ojos, y sé que nos vas a estar ahí; desearía no abrirlos nunca, y creer que seguís en la cama, durmiendo. Conmigo.
No tenía idea de cuánto duele la ausencia, hasta que te fuiste, ni cuánto iba a extrañarte, ni cuánto iba a necesitarte. No sabía qué hacer con todas esas palabras que se atrincheraban a mi garganta, ni todos los besos que se ahogaron en mis labios. Extraño las palabras dulces que me decís cuando siento ganas de llorar, cuando todo se me va de las manos, o cuando no encuentro palabras para consolarme a mí misma. Te extraño tanto, no te darías jamás una idea de lo mucho que te quiero a mi lado.
PD: No sé cuándo fue que nos dejó de salir lo que al principio nos salía tan fácil. -Pero no quiero averiguarlo. No sola, necesito que estés conmigo. Te necesito.-