martes 28 de febrero de 2012

Después de tanto tiempo, por fin puedo afirmar que ya no estás en el lugar más importante de mi vida, que después de tanto esfuerzo, de tantas lágrimas, de tanto tiempo pensando en vos, logré que ya no seas el centro de mi vida. Por fin, después de eternos meses, me dedico a pensar en mí y en mi bien. Creo que era hora de un cambio radical en mi vida, uno que me diera nuevas metas, nuevas obsesiones, y lograra sacarte de mi cabeza aunque sea por un par de horas. Creo que era necesario desplazarte del primer lugar, para que pudiera volver a pensar en mí.

Creo que al empezar una nueva etapa, uno tiene que -debe- cerrar y sellar la puerta de la anterior, para que no se filtre nada de aquello que no queremos seguir manteniendo en esta nueva etapa. Y vos sos una de ellas. No quiero tenerte más en mi vida, ni que me persigan tus recuerdos, ni llorar por las noches tu ausencia. No quiero ver una película de amor y acordarme de vos, ni escuchar una canción triste y que se me queden grabadas las frases que alguna vez vos me dijiste. No quiero leer un libro y acordarme de cuando eras el protagonista del mío.

Quiero volver a ser libre como antes, cuando no me apresaban tus recuerdos. Cuando podía vivir tranquila sin pensar en vos. Cuando cerraba los ojos e imaginaba mi futuro, y no revivía mi pasado. Quiero volver a ser la misma chica que era antes de conocerte. La que reía sin parar, y cuya felicidad no dependía de un hombre ni de nadie. La que soñaba cosas imposibles, pero aún así tenía esperanzas; la que no le importaba lo que pensaran otros.

Quiero volver a empezar, sin tus recuerdos en mi cabeza y sin vos en mi corazón. Sin nada que me impida seguir adelante, sin nada que me force a volver atrás. Quiero reír sin miedo, caminar con seguridad; mirar el cielo y no pensar, sino soñar. Quiero dejar nuestra historia atrás, todo eso que nos unió. Quiero cambiar de rumbo, mirar al cielo, y exhalar fuerte y simplemente caminar. Después de todo, nuestro horizonte ya quedó atrás.

viernes 20 de enero de 2012

Ya lo sé, no aprendo nunca de mis errores. Odio cómo me sonrojo cuando me hablás. Odio mirarte a los ojos y no hacer nada para evitar pensar que pueden ser los de él. Odio no saber qué decirte, de qué hablarte, cuáles son tus bandas favoritas, o qué es lo que te gusta hacer en tu tiempo libre. Te juro, siempre fui así de tímida, pero vos me ganás, te lo aseguro.

Me encanta verte cuando reís, así como queriéndote ocultar entre tus manos. Me encantan esos silencios incómodos, porque puedo hacerme una idea de cuánto te incomodan a vos. Me encanta que no tengamos nada en común, pero que prácticamente el destino nos haya cruzado y nos haya trazado casi el mismo camino. Eso es lo que más me gusta: tal vez no nos gustemos, tal vez se termine antes de empezar, tal vez nunca empiece, o tal vez no duremos, pero sé que nuestros caminos nos van a llevar al mismo fin; al mismo lugar, siempre.

Eso quiere decir una cosa: no te voy a perder. Aunque no estemos juntos, voy a seguirte viendo. Tal vez así, de una vez por todas, tome el coraje para invitarte a salir. Sé, sé que es arriesgado. Sé que soy de las que piensan que una mujer no debería nunca dar el primer paso. Pero así soy yo, decidida. Si quiero algo lo consigo. Y si quiero a alguien, también.

No sé qué decirte. Siempre me quedo callada, nunca encuentro palabras cuando estoy con vos. Y eso que me conocés: hablo y hablo y nunca paro. Qué se yo. Vos también sos callado. O tal vez lo haga a propósito: amo esos silencios, porque vos sonreís y yo amo tu sonrisa.

domingo 15 de enero de 2012

No temo no poder olvidarte, tengo miedo de que ya te hayas impregnado tanto en mi rutina, que nada de lo que yo haga logre quitarte de mi vida. Tengo miedo de no poder superarte, de no saber cómo seguir adelante. Tengo miedo de no poder mirar a los ojos a un hombre y decirle que lo amo, sin sentir que esos ojos, los tuyos, se posan sobre mí. Tengo miedo de que tu mirada sea la única que quede grabada en mi alma...


sábado 14 de enero de 2012

Sometimes I wonder if you know that I miss you. I miss talking on the phone with you until 3am and I miss wrapping my arms around you. I miss being your baby and I miss how you'd tell me "forever and always". And I miss how everyone would say that if you hurt me, they'd kill you because I knew you'd never hurt me. You never did hurt me. I hurt you and I know I'll regret that forever.

viernes 13 de enero de 2012

Ayer cuando me fui a dormir, me visitaron tus recuerdos. Los más felices. Los únicos que me atrevo a recordar. Fue una visita corta, o tal vez yo me dormí muy pronto, no sabría bien. No volvía a pensar en vos desde hace unos meses. Unos cuantos largos meses.

Me sorprendí a mí misma cuando sentí correr las lágrimas en mi rostro. Porque no estaba triste. No estaba feliz tampoco, pero no voy a negar que me siento bien al recordarte. -No me preguntes por qué: es algo que no voy a entender-. Me levanta el ánimo, o me da fuerzas. O quién sabe qué o cómo lográs todavía influenciar en mí. Pero lo hacés. Y, a veces, no puedo negarlo: pero me solucionás la vida. Me traes a la vida cuando todo lo que me rodea es oscuridad.

No es esta, una declaración de amor. Otra de las tantas. Ya estoy lejos de eso. Ya no estoy enamorada. Ya no siento amor por vos. O por lo menos, no ese amor. El de antes, el incondicional, el irracional. Esta no es otra cosa, sino mi manera de justificar por qué estoy escribiendo esto. Por qué todavía te adueñás de mis textos -cuando me prometí a mí misma, no volver a hacerlo-, por qué todavía me empeño en que todo el mundo sepa y sea testigo del gran hombre que eras, y todavía debes ser. Esta es mi manera de encontrar una excusa para no culparme de ahorcar mi propia felicidad.

Y estoy lejos de encontrar una verdadera razón, lo cierto es que me asusto fácil. Ya sé, yo te cargaba mucho con tu temor al compromiso, con tu política de 'no me voy a casar nunca' o con tu seguidilla de relaciones que nunca prosperaron por tu odio infinito a formalizar. A llamar a las cosas por su nombre. ¿Quién se iba a imaginar que yo era igual? Soy igual. Quiero casarme, quiero tener hijos, quiero formar una linda familia, pero me dan miedo los hombres, me da miedo un hombre: el que todo el mundo dice que es perfecto para mí.

Me da miedo que mis defectos salgan a la luz, cuando ese mismo hombre es perfecto, por donde se lo mire, ni un solo defecto. Me da miedo no estar a la altura de las circunstancias, no saber qué decir o hacer en el momento correcto. Me da miedo que tanta perfección, acabe en un sueño. Me da miedo decir 'te amo', porque no sé qué es realmente amar. No creo que amar sea blanco o negro. No creo que sea necesidad constante mutua, porque sería obsesión. No creo que sea amar o morir, porque sería arrasador. No creo que sea cuestión de vida o muerte, de sí o no. Porque entonces, sí, no sabría lo que es amar.

Me asusta escuchar que soy tan necesaria 'como el aire que respiro', me asustaba que me lo dijeras. No sé tal vez tenías razón, inconscientemente, ya le había puesto fecha de vencimiento a nuestra relación. No creo ser tan indispensable. No lo merezco. No soy nada. No quiero ser amada si amar es eso. No quiero tener esa 'obligación' o 'responsabilidad' de no tener que faltarle a nadie. Porque me canso rápido, me aburro rápido. Y no quiero ser la responsable de ningún colpaso, a excepción del mío.

Ya sé, quién me entiende, estarás diciendo. Yo soy una romántica, las del amor hecho poesía. Las que esperan declaraciones de amor infinitas, y creen en un "para siempre". Simplemente creo que no estoy preparada. Quiero saber quién soy, antes de ser la 'novia de...'. Quiero averiguar qué me gusta, quién quiero ser, quiero construir un camino sola, antes de asfaltarlo completamente con vos.

lunes 2 de enero de 2012

A veces cuesta mantenerse enfocado en lo que uno quiere, en lo que uno busca. Es normal desviarse un poco del camino. Se sabe igual, que lo que más cuesta es volver. Siempre cuesta volver, adaptarse nuevamente a las condiciones, recordar las metas y seguir rumbo a cumplir con los objetivos propuestos.

Por eso acá estoy, escribiendo esto para, si por alguna de esas casualidades de la vida, pierdo mi rumbo, esto se convierta en mi recordatorio, en el constante recuerdo de cómo proceder ante una situación similar. Sinceramente no voy a hablar de objetivos por ahora, no quiero estrenar este año 2012 con la presión de saber qué metas tengo que cumplir, y hasta dónde tengo que llegar si quiero mejorar. Pero voy a escribir un deseo, y una predicción. Sé que este año pueda ser el año en el que por fin termine de escribir una de mis novelas. Lo siento. Lo sé.

Espero que no sea simplemente un deseo, de esos que se esfuma con el pasar de los días, de los meses, y ni hablar de los años. Esta vez sí que no me voy a dar por vencida, voy a insistir e insistir hasta lograr que me salga. Aunque me de por vencida, aunque tenga ganas de llorar, aunque tenga esos bloqueos de escritor frecuentes en mí. Sé que si sigo como estos últimos días, voy a lograrlo. No es para menos, hace mucho no me tomo tanto tiempo para dedicarle a escribir, lo cierto, es que extrañaba tanto esto!

Por eso, otra meta que sí quiero cumplir es seguir escribiendo en el blog, seguir haciendo esto que tanto me gusta, que tan bien me hace. Y, entonces, redoblo la apuesta, ya no es sólo escribir, sino que quiero además, superar en entradas escritas, al año anterior. Va a ser un desafío, pero últimamente esta clase de desafíos es lo que me da el pie para querer cumplirlos.

sábado 31 de diciembre de 2011

Último día del año. Parece mentira, fue un año que pasó sumamente rápido para mí. Fue un año completamente distinto a los demás. Nada de balance positivo ni negativo, no sé nada acerca de eso. Tampoco me importa. Me importa saber que acá estoy, contando todo lo que superé para llegar acá, donde estoy hoy. Me importa saber que me llevo algo más para emprender el 2012 de la mejor manera, con una sonrisa gigante en la cara, esperando lo que venga, y sabiendo en lo más profundo del corazón, que no importa lo que sea, porque siempre voy a encontrar la manera de seguir adelante, de superarme cada día.

Fue un año como ningún otro. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Aunque, como siempre, todo lo malo es para mejor-ar-.

Por eso, rescato las nuevas experiencias que me trajo, empezar la facultad, un ritmo, un espacio, un ambiente completamente distinto al que estaba acostumbrada. Un cambio que vino acompañado de muchas expectativas, muchos miedos, muchos, pero muchos interrogantes. Pero con mis ganas intactas de seguir avanzando, seguir aprendiendo, seguir mejorando, y por sobre todas las cosas: seguir creciendo.

Sé también que el 2011 resultó ser el año más complicado hasta ahora. Todo fue nuevo, y con lo que me cuesta adaptarme a los cambios, fue realmente un desafío que, al principio, creí perdido.Pero pude superarlo. Fue una sorpresa, aunque para ser sincera, sabía que podía. Pero me costó, perdía las esperanzas, lloraba, me rendía, pero al fin y al cabo, siempre volvía. Y volvía dispuesta a todo por lograr las cosas que se me proponía. Estoy más orgullosa de mí que en todos estos años. Sé el esfuerzo, las noches sin dormir, la cantidad de lágrimas que se llevó de mí, este año.Pero le estoy completamente agradecida, me ayudó a creer aún más en mí, me devolvió lo que más quería que es escribir. Me ayudó a crecer, a desprenderme del pasado, a deshacerme de lo que me hace mal. Me ayudo a darme cuenta de que puedo aspirar a más, que merezco más, que hasta conseguir todo lo que quiero no debo parar.

Por eso, sin duda, mis aplausos para este año que se va. Crecí. Maduré. Conocí lo peor de mí, y aún así, no me espanté. Me perdí y me volví a encontrar. Y acá estoy. Aunque aún no puedo saber quién soy, sé lo que quiero y sé adonde voy.

Bienvenido 2012, yo sé que vas a estar mejor !

viernes 16 de diciembre de 2011

Me parece que por fin llegó el momento de que este Blog, deje de hablar de vos y empiece a hablar más de mí. Me lo debo. Realmente lo necesito desde hace varios meses, desde hace más de un año. Necesito una pausa en mi vida. Esta pausa. Necesito ya cerrar tu etapa y abrir otra. Sola. Como sea.

Y este es mi intento. No voy a dejar de escribir del amor, que es ya una parte de mí, y de mis textos, de lo que me caracteriza. Ni voy a dejar de escribir de lo que me hace feliz, de lo que me gusta, de lo que me pone triste. Pero sí voy a evitarte a vos.

No porque no seas algo de todo ello, al contrario. Simplemente que si quiero hacer esto por y para mí, evidentemente no quiero ni debo involucrarte. Quiero escribir para conocerme, para saber quién soy, para ver en quién me estoy convirtiendo. Y eso, por fin, puedo reconocer, ya no te incumbe. A decir verdad, nunca tendría que haberte involucrado. Pero la gente comete errores, ¿no? Es parte de la naturaleza humana.

Pero hoy, hoy quiero seguir adelante, compensar conmigo misma ese error, y dejar de lado todo aquello que no hace más que devolverme al pasado. No quiero volver a mirar para atrás, no más. Ya me cansé de abrir las ventanas y que el viento haga volver a entrar todo aquello que el día anterior decidí descartar. No quiero encasillarme ni encerrarme en el pasado para siempre. No quiero volver a llorar al ver esos recuerdos materializados en cartas, dibujos, fotos.

Quiero terminar el 2011 sabiendo que dejo atrás cosas muy buenas, pero que me esperan muchas más igual o incluso mejores. Quiero cerrar definitivamente tu etapa en mi vida, que ya no te adueñes de mis textos, ni de mi tristeza por las noches. Quiero empezar un 2012 completamente renovada, y dejar atrás todo aquello que no me ayuda a mejorar.

Quiero hacer las cosas bien, de ahora en adelante. Quiero recordar el 2011 como un año de cambios, algunos buenos, algunos malos, pero que me ayudaron a mejorar; como un año bastante único en mi siempre estable vida, muy cambiante. Y no quiero que sea el año en el que lo único que hice fue deprimirme escribiendo sobre vos, porque definitivamente fue un año emocionante. Duro, pero realmente inolvidable.

Quiero un 2012 sin vos, pero con mucho más de mí. Quiero volver a ser aquella de la risa de una nena de 10 años, la que adora leer más que nada, la que escribe novelas escuchando música clásica. Quiero llorar viendo películas románticas sin acordarme de vos, quiero volver a escribir frases en mi agenda con corazones y caritas felices. Quiero volver a creer en mí, y a sentir que nunca nada es demasiado. Quiero volver a escribir un texto y llorar porque realmente sentí que era yo, que volvía a ser yo escribiendo.

Quiero un 2012 con las enseñanzas del pasado, con un libro nuevo en el cual pueda escribir nuevas aventuras, con la promesa de que voy a terminar aunque sea una de esas tantas novelas. Quiero un 2012 definitivamente distinto. Y sé, sé que voy a conseguirlo.

martes 13 de diciembre de 2011

Hace mucho que no escribo sobre mí. Hace mucho que me resigné a mis sueños y hace un año que abandoné el mayor de ellos: ser escritora. Hace mucho que no escribo algo que realmente merezca la pena leer. Y me duele. Me duele, porque recuerdo lo que hace unos años significaba para mí escribir. Y hoy, hoy no sé si lo hago simplemente por inercia, o porque tengo la esperanza de que alguna vez vayas a leer todo esto. Pero escribir y leerme, ya no me produce el mismo efecto, ya no me completa, ya no me devuelve las ganas de seguir sintiendo, ni me devuelve el aliento, como lo hacía al principio.

Creo que escribo simplemente para que el miedo no me tome de rehén. Me asusta a veces, no encontrar las palabras exactas, las oraciones que describan una situación particular. Me aterra pensar que estoy perdiendo el único medio que tenía para conocerme a mí misma, para expresarme, para aprender de mis errores.

Pero todavía escribo. Escribo con el corazón. Con lo que queda de él. Escribo para no darme por vencida, para seguir teniendo razones para apostar al amor. Escribo porque es lo que considero que mejor me sale hacer. Y a veces, todavía escribo escuchando canciones deprimentes que incitan al suicidio, y lloro mientras escribo todo aquello que me hubiera gustado que pasara y no pasó. A veces, todavía, llego al final de la historia y sonrío, porque sé que pasó, sé que al leerla, mis recuerdos van a volver, y se van a quedar conmigo.

Escribo porque así soy yo. Soy de esas que una noche de sábado pueden leerse un libro entero, y sentir que tuvo la mejor noche de su vida. Soy de las que no perdona faltas ortográficas, la que lee el diario y encuentra cientos de ellas. Soy de las que les cuesta horrores hablar con cualquier desconocido o en público. Por eso escribo.

Es la solución a todos mis problemas, es la razón por la que hoy puedo mirar hacia atrás y sonreír. También es la razón por la cual hoy puedo mirar hacia adelante y no titubear. Es parte de lo que soy, y de lo que nunca cambió en mí. Es lo único que me hace reaccionar, que me hace vivir, que me hace aprender, y ser capaz de crecer. Porque aunque lo haga bien, o mal, escribir es lo que más me hace feliz.

domingo 11 de diciembre de 2011

Me gustaría que seas feliz, ese es mi deseo, el que voy a dejar abajo del arbolito. El que me va a ayudar completamente a desprenderme de vos. Es lo que siempre quise, pero me daba miedo porque sabía que yo, no te lo podía dar. Quiero ver cómo brillan tus ojos otra vez, quiero verte suspirar. Quiero escucharte hablar del amor, como tus amigos me contaban que lo hacías cuando no estaba yo.

Quiero que encuentres a alguien a quien puedas amar de manera más natural, a la que le parezcan tiernos tus despistes, la que se ría de tus chistes, la que pueda mirar películas de terror con vos, sin sentirse mal; la que no te grite cuando te equivocás. Me duele saber que no soy yo, pero...

Pero, quiero verte feliz, antes de empezar a buscar mi propia felicidad. Creo simplemente que es una forma de apalear la culpa, de aligerar esta carga que me carcome desde que te dejé plantado con todos esos 'te amo', con todos esos "para siempre", con todos los besos y abrazos que me tenías guardados.

Creo simplemente que no te va bien el amor regalado, que me diste más de lo que yo podía darte. Que te terminó lastimando haberme amado tanto. Pero te aseguro algo, que, con lo increíble que sos, no te va a costar nada, encontrar a alguien que te ame más, de lo que te amé yo.

viernes 25 de noviembre de 2011

Hoy en día estoy en un momento de mi vida, en el que lo único que necesito es tranquilidad. Paz. Armonía. No quiero a nadie que rompa este equilibrio en mi vida, el que vengo buscando desde hace más de un año, y hasta hace poco no conseguía encontrar. Definitivamente lo necesitaba. Necesitaba esta pausa en mi vida, necesitaba dejar de correr -a veces, en dirección contraria-, necesitaba descansar -de todos, pero mucho más, de mí-. Necesitaba sentarme en esa avenida, donde se cruzan el presente y el pasado. Donde converge mi pasado y comienza mi presente, donde tus recuerdos no son más que eso, y donde tu amor, está cruzando la calle, en la otra esquina.

Sentarme a contemplar cómo sobreviví a un año tan turbulento, tan arrasador, decisivo. Año en el que renuncié a más de un sueño, en el que decidí ponerle fin a nuestra historia y todo lo que esto conlleva -intento tras intento por olvidarte, fallar, volver a intentar-. Año de muchos cambios, muchas decisiones, muchas más responsabilidades. Año caótico, determinante, tan hiriente.

Después de tantas guerras disputadas, con vos, conmigo misma, con otros, necesitaba dejarme vencer. Necesitaba dejar ir, renunciar, liberarme y crecer. Pero fundamentalmente, necesitaba renacer; soltar todo, no aferrarme a nada, y de una vez por todas, aprender. Aprender que el tiempo es corto, para seguir pensando en alguien que sólo piensa por y en sí mismo. Aprender que las promesas están hechas para romperse, igual que el corazón. Aprender que cuando realmente se ama, nada es demasiado; aprender a decir basta en el momento indicado, a levantarme cuando caiga, a caminar para adelante aún cuando mi vida se aferre al pasado.

Es el cierre de otra nueva etapa, que espero, logre dejarte definitivamente atrás, afuera. Un cambio inédito en mi vida, radical. De esos que te dan miedo de sólo pensarlo, que te sacan el aliento, que te dejan en velo toda la noche.

Nunca me gustaron los cambios, pero realmente esta transición, este período, es sin duda, el comienzo de algo mejor.

martes 15 de noviembre de 2011

2.

Sos lo mejor que me pudo haber pasado en la vida.

-Gracias-

martes 18 de octubre de 2011

Odio admitirlo. Pero todavía me importás. Aunque nunca te lo demuestre, aunque a decir verdad, es más como que lo escondo. Todavía cuando me acuesto, cierro los ojos, y pienso en vos hasta quedarme profundamente dormida. Todavía sonrío cuando escucho esas canciones que me cantabas por teléfono, o cuando me acuerdo de lo mal que pronunciabas en inglés. A veces todavía abrazo el peluche que me regalaste, ese que dejé sobre la cama, para no sentirme tan sola, para sentir que todavía algo me queda de vos.

Otra cosa que nunca te admití es que nunca leí el último mail que me mandaste. No porque no tenga curiosidad, simplemente que me da miedo, sería como volver a empezar. Y yo no quiero tirar por la borda todos esos esfuerzos de meses de intentar apaciguar tu presencia en mi vida, sofocar el amor que todavía siento por vos. Imaginate si me admitís que hace mucho que ya no sentías cosas por mí, ¿Sabés lo que sería de mí? Además si no lo leí hasta ahora, no lo voy a hacer más. Y si lo leyera, no sabría qué contestarte, ni qué decirte ni de qué hablarte. No podría contarte nada de mi vida, porque inmediatamente me referiría a vos. Y no quiero que lo sepas.

No quiero que sepas de esas muchas cosas que siempre con recelo guardé en mí. No quiero darte motivos para que vuelvas, no quiero darte razones para que me digas que me equivoqué al tomar la decisión de que lo mejor era estar separados. No quiero admitir encubiertamente que te extraño y que por eso vuelvo. No.

Además, hay muchas cosas que nunca te dije, pero porque no creo necesario tampoco que lo tengas que saber todo. Pero me parece que sí tenés que saber las cosas que nos competen a ambos, que te competen especialmente a vos. Hay cosas como decirte que siempre me tuviste enamorada, desde el primer día que hablamos, cosas como esas, que yo nunca te dije, y que vos tampoco creíste. Cosas como que fuiste mi primer gran amor, el único en realidad. Cosas que nunca supiste de mí, como que recopilé cartas, mails, mensajes de texto, que siempre quise mandarte y nunca me animé. O también como que, tengo dos cuadernos enteros en los que te dediqué texto tras texto. Cosas como que todavía guardo muchos de tus mensajes de textos, de tus mails, de tus cartas.

Odio admitirte esto: pero a veces, todavía los leo. Me lleva de vuelta a nuestras viejas épocas, esas que no quiero perder. Creo que es mi mecanismo de supervivencia. Es lo que necesito para ser fuerte, mirar para adelante y seguir: un poco de recuerdos del pasado. Es como una notificación para no perder las esperanzas: existe el príncipe azul. Rotundo, ¿no? Pero sí, eso fuiste para mí: perfecto, como el príncipe de los cuentos. Y no con esto me refiero a perfecto para mí, sino perfecto, para quién sea.

Mi príncipe azul, verdad que lo eras eh. Si te voy a seguir admitiendo estas cosas vas a tener que hacer de tu parte también, después de todas estas confesiones, me parece que me lo merezco. Aunque, creo que en cierto punto necesitaba sincerarme conmigo. Creo que al leerme diciéndote que te extraño, lo hace todo más creíble, más real. Y sí, hoy no tengo nada que ocultar: te extraño y es la pura verdad.

jueves 22 de septiembre de 2011

Ojala pudiera olvidarte, creo que después de admitirme a mí misma que ya me superaste, me cuesta mucho más no pensar en vos. Me cuesta todo, mantenerme alejada de tus mensajes, de tus emails, de las canciones que hiciste que me encantaran. Me duelen hasta los huesos de pensar en vos.

¿Y yo?

Yo creo que estaba bien hasta que me di cuenta de que vos estabas mucho mejor... sin mí. Daría mi vida porque fueses feliz, pero creo que simplemente, no estoy preparada, para alejarme completamente. Para darte esa libertad de volar, para descubrir que encontraste a otra a quién amar. -a quien finalmente, pudieras amar.-

Lo peor es que con vos tuve todo. Amor, felicidad, diversión y ternura. No faltaba nada, si yo quería algo, lo tenía. Me dabas cosas que nunca hubieses imaginado: me devolviste la ilusión que tenía de chica cuando abría ese libro plateado con todos cuentos de hadas; me hiciste fuerte, y con lo débil que soy, eso es algo; me amaste como ningún otro hombre lo hará jamás. Me enseñaste a correr riesgos, a no darme por vencida, a luchar hasta el final. Pero al final, ya no luchabas conmigo.

Las peleas, el tiempo, todo nos fue desgastando. Yo quería luchar, pero tenía miedo. Yo quería seguir, pero estaba paralizada. Perdón por haberte tratado mal, perdón por no haber sabido valorar a tiempo todo lo que me dabas sin esperar nada a cambio. Quise seguir, pero no quería lastimarte. Quise seguir pero sentía que ya no daba más, que tenía que cambiar, que debía parar.

Tu amor incondicional, todavía me sorprende. Será por eso que yo todavía no te puedo dejar atrás. Ansío que vuelvas. Me estoy volviendo loca. Esta abstinencia de vos, me hace mal. A veces, quiero llorar, otras no sé qué hacer más que cerrar los ojos y respirar. Desde que te fuiste tengo un dolor incontenible en el pecho.

Y. Ganas de llorar. Llorar y llorar.

Desde que te fuiste no paro de contar los días, calcular cuántos días faltarán hasta que te decidas por volver.

Pero hoy, después de mucho, me puedo asegurar, que me olvidaste. Que dejaste de creer en mí. Que ya no vas a cumplir tus promesas, y que ya no puedo vivir ilusionada. Ya no te debés ni acordar de lo que me gustaba de vos, de lo que te hacía tan especial. Ni siquiera de las palabras que yo te decía que tanto te gustaban.

Ya no debés acordarte de las charlas hasta la madrugada, del amor que me generabas, de la ternura con la que me hablabas. De la mirada de boba que me decías que tenía cuando te miraba. Gracias.

Simplemente gracias por creer en mí durante todo este año. Por dejarme a mí la carta para retomar o no, nuestra historia. Gracias por no enojarte cuando decidí dejar pasar nuestros recuerdos. Gracias.

-y perdón, yo sé, sé que merecíamos algo mejor-.

domingo 28 de agosto de 2011

...
Melancolía, así me dijeron que se llama esto. Esta tendencia a ponerse triste recordando el pasado. Ese no-sé-qué que te hace añorarlo como si fuese lo único que te queda, lo único que tenés. Ese sentimiento que te invade cuando extrañás tanto algo que parece que eso fuese tan indispensable como el oxígeno mismo. Así fui, así soy, acumulo recuerdos que consumo cuando la vida se pone tan insoportable que necesito tomarme un respiro, cerrar los ojos, recordar todo mi pasado como si fuera a (re)vivirlo, y abrirlos, y darme cuenta de que daría todo lo que soy, por volver atrás. Por un sólo segundo siendo conciente de que todavía hay más, de que todavía me queda mucho más.
...

martes 16 de agosto de 2011

Nos merecemos algo mejor que estar juntos por miedo a ser destruidos si nos separamos..
Eat, Pray, Love movie.

miércoles 10 de agosto de 2011

Pero... ¿Qué voy a hacer el día que sienta que ya no me necesitás como antes? ¿Qué voy a hacer cuando necesite un abrazo y no estés para dármelo? ¿Qué voy a hacer cuando ya no tenga a nadie a quien acudir y sólo me queden tus recuerdos? ¿Quién me va a calmar cuando sienta ganas de llorar?

¿Quién me va a decir que todo va a salir bien, que crea en mí, que haga lo que sienta en mi corazón? ¿Quién me va a decir que vale la pena luchar por los sueños, que no hay nada a lo que tenga que tenerle miedo? ¿Quién me va a cuidar cuando sienta que todo a mi alrededor se derrumba, y en mi interior no encuentre la salida a ningún lado? ¿Quién me va a cantar canciones cuando los gritos de mis errores, de mis temores no me dejen escuchar?

¿Quién va a mirarme como vos lo hacés? ¿Quién va a poder conocerme mejor que vos? ¿Quién va a ayudarme a impedir que me desvíe de mi camino? ¿Quién va a ayudarme a conseguir que no vuelvan a atacarme los fantasmas del pasado mejor que vos?

¿Quién va a evitar que escriba sobre lo que me duele, que era lo que más me gustaba de vos? ¿Quién va a lograr que te saque de mi vida, que deje de escribir de vos? ¿Quién va a lograr que ya no me causes más dolor?


jueves 14 de julio de 2011

12/08/09 13:54

Gordo,

Hoy te siento tan lejos de mí, que a veces me pregunto, si alguna vez estuviste cerca; o todo eso fue una ilusión, un sueño, o si fue como esas novelas que primero imagino y después escribo. Un sueño del que me desperté antes de saber su final. A veces me gustaría saber qué fue lo que nos pasó en verdad; completar la historia, para poder concretar el capítulo.

Sé que podría saberte raro todo esto. Sé que hasta cierto punto, hasta a mí me sorprende. Pero siento que llegó la hora de sincerarme conmigo misma, y por qué no, con vos también. Yo suelo ser esa persona reservada, aquella a la que conociste una tarde de invierno. Casi ni hablo de lo que siento o pienso, y mucho menos con quien acabo de conocer. Y no sé por qué desde el primer momento en que te vi, sentí que te conocía desde siempre.

Antes, me reservaba todo para mí, y todo para escribir la catársis de mi vida en un viejo cuaderno. Siempre sentí que escribiendo las cosas, no me iba a arrepentir de nada, porque sé que cuando hablo, a veces, prefiero omitir ciertos detalles; que, a la hora de escribir, no se me olvidarían. Siempre creí que las cosas escritas sonarían más convincentes. Más reales, más factibles.

Por eso elegí este medio; uno escrito. Por eso, me ahorro ese tema de llamarte por teléfono, y titubear para decirte lo mucho que me hacés falta; y te escribo un mail. Porque es tiempo de sacar los ladrillos, limpiar el polvo, y hacer lugar; porque es tiempo de que habités en mi corazón. Y de que aprendás a convivir con todo eso que albergo en él.

No sabés cuánto daría por ver tu sonrisa al recibir mi mail, ver esa cara de sorprendido, porque realmente sabés que hice un esfuerzo por escribirte más de veinte renglones, de los que siempre te quejabas porque decían nada. Qué se yo, a veces me agarran esos ataques de querer escribirte. De escribirte de verdad. Porque es cierto, me hace sentirte más cerca. Aunque sean unos extensos kilómetros los que no separan, sin contar los océanos, y todos esos hitos fronterizos. Estamos lejos, y ninguno de los dos puede dudarlo. Estamos lejos, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo.

No sé, será que hace ya varias Lunas, que no te tengo acá, conmigo. Y esto me está matando de a poco. No lo sé, qué se yo, siento que desbordo, y que no hago otra cosa más que quererte conmigo, a toda hora. En todo momento y en cualquier lugar. Y siento esa inevitable sensación de sacarte de mi mente, porque me agota pensarte, me agota no verte. Me agotás vos.

Qué podría decirte, más que, que a veces, suelo romper esa promesa que te hice de no pensarte -por lo menos no, hasta las lágrimas-, cada tanto, cuando siento una necesidad insaciable de secuestrarte de cada uno de mis recuerdos. No sé cómo explicarlo, pero sería algo así como que hay días en los que te necesito más de lo habitual. Siempre te dije que me resulta casi imposible buscarle palabras a todo esto, a todo lo que generás en mí, por el sólo hecho de que parece salido de un cuento, de un sueño.

Nunca creí que existiría para mí, algo tan mágico y hermoso como es todo eso que siento por vos. Esa necesidad de hacerte sentir bien cuando no lo estás, o de abrazarte, o de buscarte sólo para adorar tus ojos y caminar sin tener esa incómoda necesidad de hablar para llenar ese silencio mutuo. Ese sentimiento de querer cuidarte, de no dejar que nada te lastime. Siempre creí que eso, sólo existía en la ficción, que era algo exagerado; pero jamás, que me iba a pasar a mí.

Pero ya ves, todo esto es tan nuevo, que me parece difícil de creer; que necesito que apoyés tu mano en mi hombro, o que me besés luego de decirme que me amás, o que me mirés a los ojos, mientras acariciás mis mejillas. Es como ese sueño que nunca soñé.

No sabés lo que me acostumbré a tus reproches por teléfono; o a tus cursilerías, a tus frases tiernas por sms. No podrás imaginarte lo que me cuesta desprenderme. A veces, siento que nada puede calmarme más que escuchar tu voz, pero sólo me atiende el contestador. Y como una tonta me abrazo a mis piernas, con mi cabeza entre ellas, y lloro bajo mis sábanas. Tampoco sabía lo mucho que dolía sentarse a esperar un llamado que no iba a ser.

Últimamente me siento perdida, estamos más lejos que nunca. Vos allá, yo acá. Vos en otra galaxia, y yo sigo en el mismo mundo. Nos separa una eternidad. Ya no sé si allá es de noche, o de día. Si estarás cenando, o almorzando, o quizá, desayunando. Ya no sé si miramos el mismo cielo, si vemos las mismas estrellas; si nuestro horizonte es el mismo. Ya no sé qué esperar. Ya no sé qué pensar ni sentir. Ya no tengo tus brazos para refugiarme de este oxigenado mundo que a toda hora complota contra mí. Ya no tengo maneras de sentirte más cerca; lo intenté todo, desde escuchar antes de dormirme tu música, hasta pasarme horas enteras pensando en vos. No sé cómo hacer para traerte de vuelta.

Tampoco sabía qué y cómo era sentir un nudo en la garganta y ganas de llorar y no poder dormir en paz por tenerte lejos, y no poder hacer nada sabiendo que cada vez, te alejabas más y más de mí.

A veces, abrazo uno de los tantos peluches que me regalaste, para ver, si dejo de sentir este vacío en el pecho, esta soledad que me ahorca, este sentimiento de que me estoy ahogando en mis propias lágrimas. Sólo consigo aliviar el dolor por un par de horas, pero cuando abro los ojos, y sé que nos vas a estar ahí; desearía no abrirlos nunca, y creer que seguís en la cama, durmiendo. Conmigo.

No tenía idea de cuánto duele la ausencia, hasta que te fuiste, ni cuánto iba a extrañarte, ni cuánto iba a necesitarte. No sabía qué hacer con todas esas palabras que se atrincheraban a mi garganta, ni todos los besos que se ahogaron en mis labios. Extraño las palabras dulces que me decís cuando siento ganas de llorar, cuando todo se me va de las manos, o cuando no encuentro palabras para consolarme a mí misma. Te extraño tanto, no te darías jamás una idea de lo mucho que te quiero a mi lado.


PD: No sé cuándo fue que nos dejó de salir lo que al principio nos salía tan fácil. -Pero no quiero averiguarlo. No sola, necesito que estés conmigo. Te necesito.-
¿Por qué siempre que digo que lo odio, no es realmente eso lo que siento? Por más que no pueda no odiarlo después de todo lo que me hizo. Todavía cuando le digo que lo quiero y que lo extraño, no le estoy diciendo más que la verdad.

viernes 8 de julio de 2011

Hay días como hoy en los que me siento aún más desorientada que de costumbre. A veces no sé quién soy, cómo soy, lo que me gusta hacer, lo que odio. A veces me pregunto si sigo haciendo las cosas sólo por inercia, por temor al cambio, por el miedo a empezar de cero. A veces me pregunto que pasaría si las cosas volvieran a ser como antes, no sólo entre nosotros, sino en general, mi vida, mis cosas.

¿Seguiría sintiéndome vacía por las noches? ¿Seguiría costándome escribir? ¿Seguiría negándome que me resulta imposible olvidarte -aunque odie admitirlo-?

A esta altura del año, ya debería haber superado tu etapa. Haber olvidado lo que nos unió. Haber empezado de nuevo. Haber buscado, encontrado, creado una nueva oportunidad -en caso de no haberla encontrado-, una nueva excusa para empezar otra vez, una buena razón que me ayude a olvidarte. Pero no. Sigo igual que hace un año atrás. Que hace tres, que hace dos. Me desespera no saber qué hacer, no saber cómo hacerlo. Sentir que no depende de mí. Sentir que por más que lo intente, por más que insista, no logro avanzar.

Me desespera saber que tengo que pensar en vos para calmarme y darme cuenta de que todavía necesito del oxígeno para vivir. No termina el día y ya sé que ya pensé en vos. Ya no pasás tanto tiempo en mi cabeza, pero siempre estás ahí. En algún momento, desprevenida, me agarrás de sorpresa y me doy cuenta de que sí, me acordé de vos.

¿Seguiría costándome mantener la compostura cuando escucho canciones tristes, o veo películas románticas? ¿Seguiría en busca de algo que me entretenga, algo de qué ocuparme para no tener ni tiempo de pensar en vos? ¿Seguiría evitando lugares a los que fuimos juntos por temor a encontrarte?

jueves 23 de junio de 2011


-Quiero llorar, pero necesito que me abraces mientras lo hago...-

viernes 10 de junio de 2011

¿Te acordarás del primer día que te dije 'te amo'? ¿Del vestido rosa que usé para nuestra primera cita? ¿Los gustos del helado que pedí ese día? ¿Si estaba soleado, nublado o llovía? Porque yo me acuerdo que era otoño, que tu camisa celeste resaltaba el color de tus ojos y era tu favorita, que pediste chocolate amargo y vainilla; que la pareja de al lado hablaba de una fiesta, mientras que un chico lloraba, y su madre ya no sabía qué hacer para calmarlo. Me acuerdo que me imaginé a nosotros en unos años, en ese momento en el que vos me estabas contando algo y yo estaba distraída soñando.

¿Recordarás la primera película que vimos? ¿Sabrás que en ese momento es cuando me di cuenta de que nadie nunca me podría amar más que vos? ¿Sabrás que en ese momento supe que tenías razón, que vos me amabas más que yo? Ese día comprobé que no hay hombre más perfecto en la tierra que vos.

¿Recordarás las canciones que te cantaba? ¿El último capítulo que vimos de la serie que más me gustaba? ¿Recordarás cómo me gustaba el café, cuál era mi banda favorita, el último libro que leí estando juntos? ¿Recordarás el día que lloré mirando una película, y vos estabas atrás, disimulando tus risas? ¿El primer día que llovía mientras estábamos juntos, y vos estabas buscando el auto y nos estábamos empapando? ¿El primer día que fui a tu casa, llena de nervios, y tu mamá no sabía bien cómo pronunciar mi nombre?

¿Recordarás las noches en las que no me podía dormir, y vos, con una ternura infinita y ganas de dormir, te quedabas despierto contándome cuentos? ¿Recordarás los nervios que me agarraban antes de un examen, las palabras que decías que me tranquilizaban? ¿Los días que pasábamos toda la noche hablando y nos íbamos a dormir a las cinco de la madrugada? ¿Sabrás lo feliz que me hacías cada vez que me decías que me amabas, que me dabas uno de esos besos tiernos, que me abrazabas fuerte, que me tomabas de la mano? ¿Sabrás lo tonta que me ponías cuando me decías cómo iba a ser nuestro futuro juntos?

¿Sabrás que pese a que ya no estemos juntos, seguís siendo todo para mí? ¿Sabrás que no paso un solo día sin acordarme de vos? ¿Sabrás que todavía tengo la leve esperanza de que vas a volver, como todas las veces anteriores que nos separamos? -¿sabrás que estoy segura de que no lo vas hacer y pese a todo sigo queriendo creerlo?- ¿Sabrás lo mucho que significaste para mí, aunque haya sido tan tonta como para dejarte ir? ¿Sabrás lo que me hacías sentir cuando supe que ya no te tenía y no quería sentir nada? ¿Sabrás que, pese a no estar, si todavía sigo adelante es por vos? ¿Sabrás que -como vos escribiste alguna vez- espero verte en unos años, encontrarte de casualidad en algún bar y volver a empezar?

¿Sabrás que todavía guardo las rosas, los regalos, los peluches que me regalaste? ¿Recordarás las cientos de cartas que me escribiste? ¿Recordarás las peleas, las alegrías, el final? ¿Sabrás que nunca nada me va a hacer más feliz que vos? ¿Sabrás lo que me dolió perderte, lo que me costó asimilarlo, el tiempo que me tomó empezar a pensar cómo olvidarte?¿Sabrás lo que me costó despegarme de vos, lo que me cuesta todavía? ¿Sabrás que todavía te amo, que todavía te extraño, que todavía cuando pienso en vos se me escapa una sonrisa?

miércoles 25 de mayo de 2011

Es muy raro todo últimamente. No sé qué me pasa, no sé qué siento. Estoy confundida. Siento lo mismo que sentía cuando decidí que quería retomar nuestra historia. Algo parecido. Pero es totalmente distinto. El contexto, las personas, el sentimiento -no en sí mismo-. Sí, algo rebuscado lo mío, ¿no? Pero no sé cómo explicarlo. No me alcanzan las palabras, cada vez que quiero describirlo no me sale, me quedo callada.

'Me hacés acordar mucho a él', le hubiese dicho la primera vez que lo vi. Pero no, terrible error, no se parece en nada, ahora que lo conozco mejor. No sé si será mejor o peor, no sé si tendremos tan pocas cosas en común, no sé si escuchará música para poder dormir, o si mirará películas cuando quiera distraerse de todo. No sé qué hará en su tiempo libre, ni su programa de tele favorito, ni los nombres de sus mejores amigos. No sé cuáles son sus sueños, sus planes, o lo que quiere para su vida.

Pero sé que siempre tiene una agenda en la que anota las cosas que no tiene que olvidarse de hacer, que es super prolijo, que le encanta escuchar rock. Que trabaja de algo que le gusta, que viaja seguido a distintos países. Sé que tiene la sonrisa más linda que vi en un hombre, me encanta cuando ríe. Sé también que es muy callado, muy educado, muy dulce. Sé que habla muy bien inglés, y eso, me encanta.

También sé que tiene el mismo auto que vos, que su banda de rock favorita es una que a vos también te gustaba. Tiene el mismo color de ojos que vos, y fuma como vos solías hacerlo. Pero es distinto. Son distintos. Sus ojos son más claros y tu auto era negro. Él es distinto, y eso es algo que me gusta.

Tal vez esta sea la excusa que necesitaba, la razón que esperaba, para poder dejarte atrás y cambiar. Tal vez sea mi oportunidad, mi momento. Tal vez, por fin, después de todo, pueda dar vuelta la hoja, y empezar de cero a construir mi vida.

martes 24 de mayo de 2011

Era necesario culminar una etapa, para empezar otra. Me costó. Me cuesta a veces. Todavía. Creo que guardaba la leve esperanza de creer que esta, iba a ser como todas. Que nos íbamos a despedir; que prometíamos, iba a ser la definitiva; pero que ibas a volver. Después de todo, nunca pasamos más de unos cuantos pares de meses separados.

Pero me debo una oportunidad. Es el momento correcto, estoy más que nunca entusiasmada con el cambio, estoy dispuesta a olvidarte y a pensar en mí. Quiero y siento la necesidad de contar otra historia, de vivir otras cosas, de encontrar una nueva obsesión, algo o alguien que me taladre la cabeza. Quiero volver a sentir que existe el amor para siempre; que va a haber alguien para mí, siempre; que no sos el único que puede hacerme sentir especial y al único al que voy a poder amar. Quiero volver a soñar con un futuro sólido, y no llenarme de esos momentos que-pudieron-haber-sido-y-no-fueron.

Quiero volver a perseguir el sueño de escritora, que abandoné el año pasado cuando me di cuenta de que con vos, se me fue todo. Quiero volver a escribir. Volver a sentir, a pensar, a soñar, a inventar historias, a creer que pueden ser más que eso.

Quiero volver a sonreír, a recuperar el brillo en la mirada, a no ponerme melancólica pensando en vos. Quiero borrarte de esos sueños que pronosticaban un futuro juntos, quiero deshacerme de tus palabras que planeaban una vida juntos, quiero culpar a mi imaginación sin límites por hacerme imaginar todo eso, creerte e ilusionarme.

Quiero llorar, escribiendo esto. Incluso creo que en cualquier momento eso va a pasar. Pero estoy bien. Voy a estarlo. Es necesario el cambio. Y es por mi bien. Quiero dar el paso, quiero cambiar mi vida. Estoy dispuesta a tomar el riesgo, aunque eso signifique perderte del todo.

martes 17 de mayo de 2011

Ya estoy a pasos de olvidarte, a pasos de prescindir de vos, a pasos de no depender de nadie. Estoy cada vez más cerca de encontrar mi camino de vuelta, después de haberme perdido con todos esos meses sin vos. Por fin, me siento mejor. Estoy mejor. Ya no me hace falta pensar en vos cada vez que me siento mal, ya no necesito tus recuerdos, ni imaginar las palabras que me hubieses dicho cuando estaba desesperada y no sabía qué hacer para continuar.

Por fin puedo cerrar los ojos, respirar, no pensar en vos, y saber que sé cómo seguir adelante. Por fin, aprendí a caminar sola, a no aferrarme a tus cosas; a creer en mí, y a saber que sin vos, todavía puedo ser yo. Por fin puedo callar tus voces dentro de mí, ahuyentar tus fantasmas y dejar atrás todo eso que era tuyo y que me perteneció a mí. Por fin puedo pensar en mí, soñar por mí, hacer las cosas por mí. Por fin puedo escribir mi historia y no la tuya o la nuestra. Por fin puedo dar vuelta una página, cerrar un capítulo, terminar un ciclo.

Por fin, puedo hablar de mí.

jueves 28 de abril de 2011

Podría decirte que todavía te amo, que seguís siendo el amor de mi vida, que no va a haber nadie que pueda ocupar el lugar vacío que dejaste; pero te estaría mintiendo. Creo que por fin, después de tanto intentarlo, te estoy empezando a dejar atrás. Cada vez me falta menos. Ya no pasas tantas horas en mi cabeza; y ya no tengo la necesidad de buscar cosas que me hagan recordarte; ya no rebusco en mi pasado, en nuestra historia, en tus palabras tiernas, una razón para seguir apostando a este amor.

De a poco voy dejando ir todo eso que algún día me unió a vos. Cuesta cada vez más, porque tengo miedo de perderte para siempre. Tengo miedo de no saber si esto en verdad ocurrió. Tengo miedo de no recordar nada de vos. Pero es un riesgo que estoy dispuesta a correr, porque quiero seguir adelante y que nada me retenga. Quiero poder hablar de amor, sin que se me forme un nudo en la garganta, o piense en vos o me ponga mal. Y quiero por fin decir, que te superé. Quiero que ya no haya rastros tuyos en mí, ni nada mío que te pertenezca. No quiero que sigas siendo el protagonista de mis pensamientos, la causa de mis desvelos, el motivo de mi sonrisa aunque esté mal.

Quiero cortar de raíz los lazos que nos unen, los recuerdos, el tiempo juntos. Quiero que ya no me atormenten nuestras -viejas- palabras a futuro, los sueños, los planes que hubiésemos querido hacer realidad. Quiero poder mirar a cualquier hombre a los ojos, y no recordar los tuyos, la forma en la que me miraban. Quiero dejar de buscarte por las calles, de imaginar que escucho tu voz en el susurro del viento.

Quiero deshacerme de vos, de nosotros, del 'yo' que todavía no te puede dejar atrás.

jueves 10 de marzo de 2011

Sufría una resistencia profunda a ser amada, como una especie de 'anorexia emocional' .

sábado 5 de marzo de 2011

Es hora de hacer cambios. Así, con firmeza, imperativamente, sin dudas, claro y conciso. Es tiempo de empezar a pensar en primera persona, en mí y en nadie más. Necesito olvidarme de una vez por todas de vos, deshacerme de tus recuerdos, librarme de tu sombra. Quiero cerrar los ojos, olvidarme de todo, y creer en mí. Porque desde que te fuiste, nadie más lo hace por mí.

miércoles 2 de marzo de 2011

Por fin puedo decir que estoy empezando a prescindir de vos. Ya no me es necesario recurrir a tus recuerdos para sentirme mejor, ni traerte a mi memoria para no sentirme sola. Creo que es algo que me debo desde hace unos cuantos meses. Pero creo que las heridas estaban recién hechas y tus fantasmas todavía venían a tocarme las puertas para evitar que logre olvidarte. Y eso fue lo que hizo que me costara aún más: todavía tenía grandes esperanzas de saber que tal vez, después de todo, tenías pensado volver.

Pero ya estoy en camino a superarlo. Creo que en estas últimas semanas, toqué fondo, y me di cuenta de que necesito seguir adelante y no estancarme. Necesito seguir siendo yo misma, necesito seguir escribiendo más que nada. Después de todo, siempre vuelvo a escribir, como un retorno incondicional. Después de todo, es lo único que me ayuda cuando te apoderás de mí y no sé cómo deshacerme de vos.

Hoy que puedo, decidí que prefiero estar sin vos. Decidí que voy a intentar e intentar hasta sacarte de mi vida, que no me puedo dar por vencida, que merezco una nueva oportunidad. Decidí que fue para mejor, que no estábamos hechos el uno para el otro, que era cuestión de tiempo para que nos diéramos cuenta de que lo nuestro no era para siempre. Me costó entender que lo nuestro tarde o temprano iba a tener fecha de vencimiento.

A veces duele tenerte tan lejos, a veces me encantaría saber que todavía tengo a alguien ahí, para mí, a toda hora, cualquier día. Creo que eso es lo único que extraño, cuando lloro por las noches en silencio y sin nadie a quién acudir. Me da miedo todo, todo este cambio, este año que empezó, y el que ya terminó. Me carcome mi pasado y no sé qué quiero hacer con mi futuro.

Por primera vez en mucho tiempo, tengo la sensación de que estoy haciendo lo correcto, que es necesario hacerlo. Y que es por mí.

domingo 13 de febrero de 2011

A veces sólo me queda, cerrar los ojos, respirar profundo y evocarte en mis pensamientos.
Imaginar cómo hubiese sido de distinto todo.
Yo. Vos. Nosotros. Todo a nuestro alrededor.
Pensar en un futuro utópico juntos.
Y querernos, besarnos, amarnos.
Hasta el fin de los tiempos.
A veces, todavía tengo la esperanza de que en un futuro, no muy lejano, se nos va a dar.
Y abro los ojos, intento contener las lágrimas y vuelvo a ser yo.
Vuelvo al ahora, al hoy, a caer en la cuenta de que no es, no está, no existe.
No ahora, por lo menos.
Tus recuerdos son lo único que me queda.
No quiero perderlos. No puedo. No me lo permitiría.
No sería capaz de vivir sin ellos. No sobreviviría.
Son todo lo que me queda de vos.
Es mi esperanza. Es mi cambio. Es mi salvación.
Mi cielo. Es... todo.

Tus recuerdos, mi esperanza.

martes 8 de febrero de 2011

Desearía tanto poder hacerte culpable. Desearía tanto que todo este dolor sea por vos. Pero no lo es. No entiendo lo que me pasa. No sé a qué se debe, quién lo causa, por qué. Sólo sé que cada vez estoy más lejos de la que prometí que iba a ser a comienzos de este año. Sólo sé que hay algo que me duele, que me está matando. Y cierro los ojos, e intento tranquilizarme, y empiezo a llorar. No sé qué me pasa. No sé cómo frenarlo. Respiro profundo, abro los ojos y estoy viva. Tengo miedo. No me quiero perder. No me gusta no encontrar la salida. Me da terror no saber qué dirección tomar, qué desvío evitar. Me da terror no saber cómo hacer para no pensar en vos. Prometí olvidarte, pero necesito recordarte para aplacar el dolor, para evitar las lágrimas, para saber cuál es mi razón para seguir acá, todavía.

lunes 7 de febrero de 2011

Sentí la necesidad de volver a escribir. Sentí que más que una necesidad era una obligación. No quiero pasar otro año más sin escribir nada. No lo soportaría. No es para mí. Escribir me hace feliz, y eso es lo que necesito. Necesito volver a hacerlo como en los viejos tiempos: diariamente y sin forzarlo. Me encantaba escribir en esa época, pero últimamente siento que ya no es lo que era. Que ya no significa lo mismo que antes. Perdí las ganas, la necesidad, el entusiasmo, la capacidad de sentir lo que escribo. Y todo eso se fue con vos. Y ya no sé cómo recuperarlo.

viernes 28 de enero de 2011

Te extraño tanto. Daría mi vida porque estuvieses acá conmigo. Daría mi vida porque todo volviese a ser lo que era. Después de todo, te fuiste sin enseñarme cómo hacer para vivir sin vos.

-Te amo y perdón-

lunes 17 de enero de 2011

No olvides que, cada vez que estés solo, y los fantasmas de tu pasado vayan a buscarte y sientas miedo, siempre voy a estar ahí, diciéndote al oído: "Tranquilo, ya estoy aquí, a tu lado, cuidándote".

miércoles 12 de enero de 2011

Creo que simplemente necesitaba alejarme de la realidad. Necesitaba unos días para no escribir. Me aterraba la idea de darme cuenta de que después de tantos meses, todavía te tengo presente en mi vida. Me aterraba la idea de saber que no puedo cumplir con mi meta de empezar a olvidarte en el comienzo y transcurso de este nuevo año. Me aterra saber que te convertiste en mi todo. Y ya no puedo hacer nada para cambiar eso. Pero acá estoy otra vez, con lágrimas en los ojos, pero con ansias renovadas de intentar cambiar. Acá, con un nudo en la garganta, y muchas cosas nuevas por contar. Bienvenidos a mi 2011.
Nuevo año y a mí todavía me persiguen los fantasmas del año anterior.

Creo que pese a todo, todavía sigo negándome a olvidarlo. Me aferro a todos sus recuerdos para no dejarlo ir, para no soltarlo, para seguir manteniéndolo en mi vida. Me niego a perderlo para siempre, a renunciar a él, a un futuro sin su compañía. Estamos demasiado lejos, y yo continúo trayéndote, viajando al pasado, demostrándome, que no importa el tiempo, que nada cura viejas heridas ni cambia los malos hábitos.

Por más que duela a veces es inevitable recordar viejos tiempos. Me hace mal revolver el cajón de los recuerdos y encontrarme sólo con tus cosas y las que fueron nuestras. Pero tengo esa necesidad de viajar en el tiempo y de encontrarme con vos. Me encanta hacer esos viajes y me desespera que cada vez sean con más frecuencia. Eso no es proporcional al tiempo que llevo intentando olvidarte. Es como que cuanto más lo intento, menos lo consigo. Y pierdo las esperanzas y me doy por vencida y trato otra vez de buscar refugio en todo eso que tuvimos y que hoy me niego a perder.


viernes 7 de enero de 2011

¿Cuándo va a llegar el día en que puedas dormir tranquila sin tener que pensar en que algún día tendrás que perderme? ¿Cuándo va a llegar el día en que puedas cerrar los ojos y evitar que una ola de pánico causada por el temor al abandono, se apodere de ti? ¿Cuándo va a llegar el día en que no dudes de que nuestro amor es eterno?

martes 4 de enero de 2011

Mi amor,

Ya pasaron unos cuantos meses desde la última vez que hablamos. Eso no significa que no te extrañe, todo lo contrario. Creo que es necesario que estemos lejos para que todo esto empiece a tener sentido. Necesito ser capaz de dejarte atrás, realmente necesito deshacerme de tus recuerdos. Necesito no arrastrarte conmigo a cada lugar al que voy. Porque ya no puedo seguir así, empujando una valija que pesa todo eso que pesó tu amor para mí.

Pero vos ya me conocés, soy demasiado débil para estas cosas. Demasiado débil para el amor, para las despedidas, para deshacerme de las cosas y seguir adelante. Intento, y fracaso todo el tiempo. Y me duele, me lastima, quiero llorar. Y estás lejos, me aterra pensar en el futuro, me aterra saber que para eso tengo que dejarte ir. Es algo que me ahoga, que me asfixia, que no podría soportar nunca. Que antes de perderte a vos, prefiero perderme a mí misma. Y tengo miedo de no saber cómo seguir sin vos. Si acaso puedo lograrlo. Me aterra pensar en un futuro en el que no estés.

Me da miedo no saber de lo que soy capaz de hacer el día que me llegaras a faltar completamente. O vos, o tus recuerdos, o tu voz. Siento que me estoy volviendo loca sin vos. Quiero llorar, respiro, cierro los ojos, pienso en vos y me calmo. ¡Cómo se arreglaría mi vida con tu presencia!

Pero me las estoy arreglando. Sigo creyendo, mirando adelante, dando pasos pequeños, pero rotundos. Por lo menos sé que no estoy estancada, no por ahora. A veces me cuesta seguir adelante, me cuesta levantarme por las mañanas siendo consciente de que no vas a estar ahí todo el día, para mí. Creo que eso es lo que más me cuesta superar. Extraño ese sentimiento de que hay alguien que siempre está conmigo, acompañándome y cuidándome. Creo que fue siempre lo que más me gustó de vos: que estuvieses siempre disponible para mí; que me dedicaras el tiempo, las frases, las palabras y las miradas más lindas y tiernas que un hombre pudiera regalar.

Eso es algo que simplemente no se olvida con el tiempo. Ni con intentar, ni se sepulta con nuevas acciones, ni nuevas aventuras u otro nuevo amor. Por eso soy consciente de que me va a llevar toda una vida, superarte. Por todo eso que fuiste conmigo, con lo que me dejaste ser, con lo que me mostraste de vos. Yo creo que todo eso, no se olvida nunca.

Realmente me sentí siempre muy a gusto con vos. Muy cómoda. Gracias por cuidarme siempre. Y gracias por mostrarme tu verdadero vos. Ese que como amiga nunca conocí, pero como el novio perfecto que fuiste siempre me lo demostraste, en todos esos meses, en todas esas declaraciones de amor y mensajes cursis, que nunca creí que fueses capaz de mandar.

Gracias por confiar lo suficiente en mí como para permitir que una tonta idealista como yo, pueda entrar en tu vida y permanecer como nunca antes nadie lo había podido lograr, y cambiar no sólo tus ideales, sino también tu estilo de vida y la concepción que tenías respecto a lo que es el amor. Vos, tan frío, tan poco interesado en el compromiso.

Ahora entendés que no hay límites en lo que respecta al amor, que si vos me amás, yo te amo más.

domingo 2 de enero de 2011

2011, espero que no me defraudes, mirá que tengo muchas expectativas en vos. Y 2010, espero no extrañarte !

Como cada año que pasa, y este no va a ser una excepción, escribo en un texto un resumen de todo el año que acaba de terminar. Creo, que para bien o para mal, y aunque no haya terminado tan bien como empezó, fue un año inolvidable! Inolvidable como pocos.

Fue un año, que pese a todos los golpes, me hizo crecer. Me demostré a mí misma, que sí puedo; que nadie ni nada me va a hacer caer, y si alguna vez lo hace -cosa que no voy a permitir- voy a levantarme y a empezar de nuevo, las veces que haga falta, siempre. Porque aprendí a no rendirme, a seguir adelante, intentando cerrar los ojos y no mirar para atrás para no arrepentirme. Porque sé que no me es fácil desprenderme del ayer, de los recuerdos, de mi pasado. Porque a veces me resulta mucho más fácil vivir de todo eso que fue, que seguir apostando al hoy, y al mañana. Pero intento cambiar. Y el 2010 me dio esa oportunidad.

Me ayudó a conocer un poco más de mí misma, a fortalecer mi personalidad, a mejorar mis puntos débiles. Pero sé que aún me queda mucho por conocer de mí, y del mundo. Pero si hay algo de lo que estoy segura es que soy más de lo que dejo que vean en mí. Mucho más.

Conocí a personas increíbles, y también, me dejé conocer; viví experiencias únicas; aprendí tantas cosas como me fue posible. Y no me arrepiento de nada. Sentí por primera vez, amor del verdadero de ese que te hace brillar los ojos y sentir un cosquilleo en la panza. Me di cuenta de que el amor como en las películas sí existe, y así, con lágrimas en los ojos, escribí el final de mi primera gran historia de amor. Me encantó que él haya sido mi protagonista, y me dejara brillar como lo hizo. Gracias a él, hoy vuelvo a creer que sí existen los príncipes de los cuentos de princesas que leía cuando era pequeña. Gracias a él, hoy vuelvo a creer y a apostar al amor. Y no es poco.

Amé de todas las maneras posibles. Llegué a entender el lado oscuro del amor, y saboreé el gusto amargo de esas lágrimas. Descubrí que soy mucho más orgullosa de lo que creí, cuando por primera vez me dijiste 'tirá tu orgullo a la mierda por amor, porque no siempre voy a ser yo el que lo haga'. Me di cuenta de todo: pensé que lo nuestro iba a ser para siempre. Pero acá estoy, y vos, debés estar por allá. Ojala hubiese sido para siempre, pero sé que en algún momento tenía que terminar. Duele, pero estoy aprendiendo a superarlo. No es fácil, pero de a poco, lo voy logrando. Y creo que el 2011, es una excusa perfecta para cortar nuestra historia de raíz. Para ponerle un fin y un THE END, como esas películas que mirábamos por las noches. Para empezar de cero, de nuevo. Sin nada que me arrastre, pero con un maletín donde llevo la experiencia, para no volver a equivocarme.

Reí hasta que me doliera la panza; hasta restarle importancia a todo lo demás, hasta sentir que me faltaba el aire. Escuché música hasta aprenderme la letra de todas las canciones. Volví a escribir, después de casi un año sin escribir algo que realmente sintiera que fue hecho por mí, que hablara de quién soy, de cómo soy, de lo que siento, de lo que me adolece, de quién fui y quisiera ser. Entendí que pese a todo, todavía sigo persiguiendo el sueño de ser escritora, de plasmar en una hoja una historia increíble, de contar con palabras algo que realmente valiera la pena. Todavía sigo manteniendo en mi lista de cosas a lograr, el publicar un libro, mi sueño, ese al que nunca voy a renunciar. Lloré hasta darme cuenta de que las lágrimas me demostraban que pese a mostrarme tan fuerte, por dentro me iba consumiendo. Bailé hasta sentir cómo me dolían los pies, ¡cómo disfruté de esas noches con amigas, de la fiesta de egresados! De todo eso que implica estar en quinto.

Terminé la secundaria, y con ella se cierra una hermosa etapa de mi vida. Otra más. Y me llevo recuerdos increíbles, gente inolvidable, las ganas de seguir aprendiendo y mejorando. Me di cuenta en los últimos días en la escuela, lo que iba a extrañar eso, las mañanas con mis amigas, las clases, los recreos, las charlas. Me di cuenta también, del miedo que tenía por esta nueva etapa que va a comenzar. Pero tengo que seguir creciendo, superándome. La vida sigue, y yo quiero seguir con ella, llevándole el paso.

Tomé millones de fotografías, para no olvidarme nunca de personas que no quiero perder, de colores que no quiero confundir, de rostros que no quiero olvidar, de lugares que quiero llevar conmigo. Sentí hasta sentirme viva. Respiré hasta discernir el perfume del oxígeno. Salté hasta cuestionarme si todo lo que sube, debería realmente bajar. Levanté las persianas, para dejar que la luz cegue mi oscuridad. Abrí las ventanas, hasta embriagarme de melancolía y darme por vencida: en realidad sí, soy una persona que está atada a su pasado, aunque a veces, me cueste reconocer. Entendí que no soy partidaria de quienes dicen que hay que cerrar las puertas del pasado con llaves. Lo cierto es que tengo cierta tendencia a dejarlas entre-abiertas; todavía no aprendí a no depender del pasado -por más que estoy intentándolo-, a vivir desprendiéndome de recuerdos. Ellos son parte de mí, forjan mi esencia: quiera o no.

Me reencontré con viejos amigos, y me di cuenta que pese a estar lejos, la amistad sigue tan fuerte como siempre. Amigos como ellos, son los que valen la pena, los que siempre te acompañan, los que están ahí para escucharte y aconsejarte, los que no te van a cambiar por nada. Sentí que los amigos, son para siempre.

-Aunque haya ganado amigos, también perdí uno, que además de ser mi novio, era mi mejor amigo-.

Imaginé tantas cosas que algunas de ellas las convertí en historias. Y otras, habré creído que eran verdaderas. Soñé hasta darme cuenta de que las personas estamos hechas de sueños, y que sólo los que se arriesgan y tienen el valor de ir tras ellos, merecen la recompensa de convertirlos en realidad. Leí hasta sentir que era la protagonista; y me propuse una meta: no parar de escribir hasta lograr eso, que vivan mi historia. Viví tanto, que me di cuenta que la vida es muy corta y muy pequeña para albergar tantos momentos.


Amé. Aprendí. Bailé. Canté. Cambié. Sobreviví. Crecí. Creí. Comprendí. Disfruté. Entendí. Florecí. Gané. Grité. Vencí. Luché. Lloré. Perdí. Respiré. Renací. Soñé. Sentí. Sufrí. Recordé. Viví. Y volví a amar.

Feliz 2011.

martes 28 de diciembre de 2010

Porque a veces, cuando te recuerdo, pienso que las cosas eran perfectas, cuando estábamos juntos. Y lo eran, no es necesario ni siquiera pensarlo. Eso lo sabría cualquiera que me conociera, porque mis ojos brillaban constantemente, y mi sonrisa no se borraba de mi rostro ni por un segundo. Qué lástima que todo cambió tanto. Te extraño y daría todo por tenerte de vuelta. No te vas a dar una idea de lo bien que me hacías. Me bastaba con escuchar tu voz, para sentirme invencible. Me bastaba con saber que me amabas, para no dejar que nadie me arruine el día. Me bastaba con verme en tus ojos, para ser feliz. Me bastaba con vos. Y con tu amor.

- Me hacías sentir completa. Querida. Amada. Segura. Especial. Y lo que más me importaba: sentirme tuya -

martes 21 de diciembre de 2010


Parece que fue ayer, cuando me contenía las ganas infinitas de hablarte, por temor a otra herida. Pero eso fue hace tres años y hace dos, y el año pasado. Siempre, perseguida por la misma vieja historia de amor. Que me busca, que me encuentra, que me ilusiona, que me lastima, que acaba. Y que vuelve a empezar.

-Estoy harta de que siempre seas vos-.

lunes 20 de diciembre de 2010

Siempre que una relación termina, y la mujer sale lastimada. Entre nosotras, las mujeres, solemos decir que los hombres son todos iguales, que no tienen sentimientos, que les importamos poco, que nos quieren sólo para que seamos parte de sus juegos. Muchas veces tuve que consolar a mis amigas diciéndoles que ninguno de ellos valía la pena, que no tiene sentido salir lastimada por un hombre, que ella vale mucho pero mucho más que él y merece algo mejor. En el fondo sé que los hombres no son todos iguales; que hay quienes sí sólo quieren jugar, pero porque hay mujeres que lo permiten; que los hay mentirosos, manipuladores, hombres que engañan, pero también las hay en versión femenina. Aunque también sé que ellas merecen lo mejor. Y cuando mis amigas me tuvieron que consolar, después de que decidiéramos que cada uno iba a seguir su vida sin entrometerse en la del otro, me dijeron exactamente lo mismo: que los hombres eran todos iguales, que no valías la pena, que merecía algo mejor.

Pero yo sé que sos distinto, de lo contrario, cualquiera me haría sentir como vos lo hacés, de cualquiera estaría locamente enamorada como lo estoy de vos, a cualquiera le entregaría mi corazón con la seguridad de que no iría a lastimarlo. Sé que sos distinto, y por eso me enamoré, por eso me dejé perder en tus ojos, me dejé llevar por tus palabras dulces. ¿Sabés lo que me costó? Sabés lo que me cuesta abrir mi corazón y hacer espacio para una nueva persona. Sabés lo que me cuesta confiar en la gente, dejarla entrar en mi vida. Pero con vos, todo era tan fácil. Casi como si te conociera de toda la vida. Me lo hiciste mucho más simple. Te acomodaste a mi vida, intentando no cambiar la mía. Ojala algún día pudiera agradecerte como merecés todo lo que hiciste por mí. Gracias por ser especial. Por ser distinto. Por demostrarme que los hombres no eran todos iguales.

[Aunque, a veces me gustaría que lo fueran, creo que todavía tengo la tonta certeza -o esperanza- de que si todos los hombres fuesen como vos, me acabaría enamorando otra vez. Porque tengo la seguridad de que no va a existir en el mundo un hombre que logre enamorarme como lo hiciste vos.]

Vos sí, eras diferente. Vos me enseñaste a amar realmente, a no tenerle miedo a los sentimientos, a confiar en las personas. Vos sí valías la pena, vos sí merecías esas lágrimas. Pero yo no sé si me merecía a alguien como vos.

~ Tan lindo. Tan perfecto. Tan increíblemente encantador. Vos, vos sí te merecías algo mejor. ~

sábado 18 de diciembre de 2010

Después de todo, merezco una nueva oportunidad para ser feliz, un nuevo motivo por el cual sonreír, una nueva excusa para amar, y un nuevo pretexto para nunca dejar de soñar .

miércoles 15 de diciembre de 2010

El mundo sin vos... no existe para mí.

domingo 12 de diciembre de 2010

Y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar .

jueves 9 de diciembre de 2010

Me duele pensar en vos. Me duele seguir creyendo que estás siempre ahí, cuidándome, protegiéndome, secándome las lágrimas. Me duele seguir dependiendo de vos. Me duele encontrar tus ojos en los de cualquier persona que se me cruce. Me duele encontrarme con alguien desconocido cuando veo mi reflejo en el espejo. Me duele no conocerme, no saber quién soy, sentirme tan perdida.

lunes 6 de diciembre de 2010

A un año. Te amo, desde el mismísimo segundo en el que te conocí.

Nunca voy a olvidar cómo hiciste para lograr que vuelva a creer en los cuentos de hadas. Me convertiste en la princesa de mi propio cuento, que pese a no tener el mejor final, me hizo la más feliz, desde el principio y todo el tiempo que duró. Me enseñaste a dejar de lado el orgullo por amor, y yo te enseñé cómo amar(me). Me enseñaste a correr tras mis sueños, a no renunciar; me hiciste creer en un 'por siempre', me diste las palabras de amor más lindas y tiernas que había escuchado en mi vida. Me diste los meses más lindos, los días repletos de alegrías, la felicidad absoluta. Soportaste con sonrisas, mis días malos, mis mal humores, mis locuras. Me hablabas con una ternura infinita cuando te contaba de mis miedos irracionales, mis temores, y me calmabas como vos sólo solías hacerlo. Me hacías la más feliz cada vez que me decías cuánto me amabas, que lo nuestro iba a durar por siempre, que ibas a luchar por mí siempre que fuera necesario. Me hacías poner colorada, me sonrojabas con tus palabras dulces. Me derretías cuando hablabas de nuestro futuro casamiento, de los dos hijos que pensábamos tener, de nuestra vida juntos, de los países que íbamos a recorrer. Me hacías imaginar lo lindo que nos veríamos juntos con los cuentos que me contabas cuando no podía dormir o me sentía mal. Me encantaba quedarme hasta muy tarde hablando con vos, y empezar a hablar bien tempranito. Me encantaba saber que soñabas conmigo, que te hacía muy feliz, que era todo lo que necesitabas. Me hacía bien saber que yo era la razón de tu felicidad, ¡no te imaginás lo feliz que lograbas hacerme cada vez que me lo decías! Gracias por darme la oportunidad de intentar amarte como nadie lo había hecho antes. Gracias por hacerme saber que a nadie habías amado tanto como a mí. Se me dibujaba una sonrisa en los labios, cuando me decías que iba a ser la única en tu vida, la primera antes que nadie. Me llevaste de tu mano, a conocer lo más lindo del amor. Y te juro, mi amor, que pese a todo, no me arrepiento.

sábado 4 de diciembre de 2010

No me gustaría que me dejes en el cajón del olvido; ni que te olvides tan rápido de mí; ni que empieces a nombrarme en pasado como algo que fue, pero no trascendió. No me gustaría tener que decir adiós, ni tampoco soportaría un hasta luego. No me gustaría ser en tu vida, sólo un recuerdo, algo pasado, una relación frustrada. No me gustaría no tenerte en mi vida, ni tampoco no estar en la tuya. No me gustaría no poder acordarme de todas las cosas que hicimos, de todas las palabras que nos dijimos, de todos los paseos que dimos. No me gustaría seguir soñando con tus besos, tus abrazos, tu voz, tu ternura, tus obsesiones, tus tristezas, tus alegrías, pero es algo que por más que quiera, no puedo evitar. Y es que todavía no vas a entender que te quiero, y te necesito más que a nadie en mi vida, en cada paso que doy; para que me acompañes, para que me guíes, para que no me dejes caer. Y es que no me gustaría que esto acabe nunca. No me gustaría que dejes de ser mi motivo de felicidad, mi mejor poesía, mis pretextos, mi sueño hecho realidad.

lunes 29 de noviembre de 2010

A él, a quien le he dedicado mis textos desde los últimos tres años. *

Quise escribirte antes, incluso lo intenté, pero los recuerdos aún se sienten frescos y no lograba escribir más de unos pares de versos que luego pasaban a ser demasiado reveladores y no estaba preparada para contártelo todo, para que lo supieras todo. A veces me encantaría retroceder el tiempo, que volvamos a ser completamente desconocidos, y que nunca se me hubiese cruzado por la cabeza -o el corazón- volver a buscarte. A veces todavía sueño con no conocerte y evitarte todo ese dolor que te causé por meses. Creo que fui demasiado egoísta. Me importó más lo que yo sentía que tus sentimientos. Y si a mi egoísmo, le sumamos mi orgullo y mi cobardía, el resultado es lo que fue: no tuve el valor suficiente para luchar por vos como te lo merecés; no evité que las decisiones las tomaran otros; no dejé todo por vos como te lo había prometido. Fui lo suficientemente cobarde como para saber que te estaba perdiendo y no me atreví a hacer nada para frenarte; lo suficientemente egoísta como para defender mis miedos y no arriesgarme por tus sueños, los nuestros; lo suficientemente orgullosa como para seguir sin reconocer mis debilidades y seguir negándome a que me ayudaras.

Con esto no intento excusarme ni pretendo que me entiendas. Esta es otra manera de decirte que lo siento; de pedirte perdón por todos esos planes hermosos que tenías para nosotros, pero que tuve tanto miedo de hacer realidad. Perdón por las promesas incumplidas, los 'te amo' que se llevó el viento, los besos que quise darte y aún conservo, los abrazos que tuve que conformarme con inventar en mi mente. Perdón por los cafés que aún te debo; por las futuras películas que hubiésemos visto, acostados en la cama; por los miles de dibujos que te hice y no me animé a darte. Perdón por comportarme como lo hice, por lastimarte, por terminar todo como si no hubiese existido ese pasado hermoso que nos unió. Perdón por no confiar ciegamente en un futuro juntos; por tirar todos esos meses de tanto esfuerzo, de tanto amor, y si te sirve de algo: esos fueron los mejores meses de mi vida. Perdón por no haberte hecho saber siempre, lo que significaste para mí, el lugar irreemplazable que ocupaste en mi vida, el amor inmenso que sentí por vos mientras duró. Perdón por haber traicionado tu confianza, por hacer promesas que sabía que me iban a costar cumplir. Perdón por no saber cómo reaccionar; por haberlo hecho tan difícil; por no haberte dicho que con cada día, con cada discusión nueva, con cada lágrima, yo te empezaba a querer cada vez menos. Perdón por haberme obligado a mí misma a cerrar los ojos y no ver, y a no escuchar que tu amor era verdadero. Perdón por no haber estado todos los días de mi vida a tu lado, como te lo prometí. Perdón por arrebatarte esos sueños que tenías para nosotros, esos planes, esos viajes; por robarte las palabras más dulces que no merecí nunca; por romper ese increíble hechizo, esa magia en la que estuvimos inmersos esos memorables e inolvidables meses.

(*) Y a quien le serán dedicados por el resto de mi vida.

sábado 20 de noviembre de 2010

Siempre va a haber una parte de mí en él. Y es eso que se llevó cuando me dejó un vacío en el pecho, y unas ganas terribles de llorar.
Hoy pensé en vos, y en la falta grandísima que me estás haciendo. Pero ya no va a volver a pasar. Te prometo.

jueves 18 de noviembre de 2010

Quiero que sepas que no todo me parece tan fácil como lo hago creer; que me cuesta mucho todo; que no soy tan fuerte como la gente cree; que estar mal con vos me desmorona; que a veces lloro por nada, y sin razones; que me siento bien acompañada por la soledad o algún buen libro. Que no aprendo nunca de mis errores, que los vuelvo a cometer, una y otra vez, sin darme cuenta.

Quiero que sepas que me arrepiento de no haber sido lo que vos te merecías; que cuando miro hacia el pasado, me acuerdo de vos, y de lo que te lastimé; que siempre invento historias que sé que no van a pasar; que me encanta hablar con vos; que tengo ganas de correr a abrazarte; que todavía siento que estamos juntos. Que no puedo evitar que tu recuerdo atraviese mis pensamientos cuando veo a dos personas enamoradas, o cuando veo alguna de esas películas cursis que vos odiabas.

Quiero que sepas que me duele saber que no estás más en mi vida, que me desborda saber que lo fui todo y ahora no soy nada. Que me hace mal, pensar en lo bien que estás. Ojo, quiero que estés bien, pero es como que... extraño que estés bien... conmigo. Extraño que estemos bien, vos y yo, nosotros.

Extraño mirar tus ojos marrones, o extraño tu mirada. Tu voz... tu voz se me fue con vos, a veces siento que la escucho susurrándome, pero sé que no es la tuya. Lo sé. Tu voz es una incógnita, como saber si todavía pensás en mí, o si al menos, me recordás. Quiero saber... si te fue tan fácil olvidarme, o si te costó, como a mí, olvidarte a vos. Quiero saber si hay alguien en tu vida, si logró más de lo mucho que logré yo.

Quiero que sepas... quiero saber, si todavía me amás, porque yo, de vos, no me puedo olvidar.

-28-11-11-23:32-

sábado 13 de noviembre de 2010

Sé que no soy la mejor, y que me falta mucho para serlo. Sé que si alguien consigue que sea mi vida, me aferro a esa persona como si fuese mi todo. Sé que soy muy complicada, que me cuesta confiar en las personas, que no expreso mis sentimientos más que por escrito. Sé que me gana el orgullo, que soy presa de la timidez, que me vence el amor. Sé que amo escribir más que a nada en el mundo, que lloro cuando escucho canciones tristes, que todavía pienso en vos y sonrío. Sé que estoy en contra del olvido y a favor de los recuerdos; que no puedo deshacerme de las cosas y dejarlas en el pasado. Sé que cuando cierro los ojos, imagino las cosas que pudieron haber sido y no fueron; que cuando callo es porque prefiero que nadie sepa lo que siento; que lloro por las noches, para que nadie me vea. Sé que me alimento de recuerdos, de sueños utópicos, de palabras que ni yo misma entiendo. Sé que no soy indispensable en la vida de nadie, pero también sé que no hay nadie como yo. Sé que mucho menos indispensable soy para vos, pero te aseguro que en el momento en el que menos te lo esperes; cuando estés con ella; cuando esperes en la esquina a que cambie el semáforo; cuando te estés por dormir o cuando no tengas nada para hacer, te aseguro que ahí te vas a acordar de mí. Y vas a enloquecer por no poder dejar de pensar en mí. Y me vas a venir a buscar, pero para ese momento, me voy a asegurar de que sólo seas un recuerdo. Porque no voy a esperar toda la vida a que te des cuenta de que siempre fui yo; esa que te amó, la que estuvo siempre a tu lado, la que lloró por vos, la que te acompañó en tus noches oscuras, y te hizo reír cuando estabas mal. No voy a esperar toda la vida a que abras los ojos y te des cuenta de lo que fui, cuando ya no esté. Cuando ya haya encontrado a alguien que me quiera tanto como yo te quise a vos. Sé que no soy la más digna de nada, pero también sé que merezco ser amada, después de haber amado tanto.

lunes 1 de noviembre de 2010

Estoy triste, o melancólica, o quizá ambas. Te estoy extrañando mucho últimamente, demasiado. Más de lo que puedo soportar. A veces quiero llorar; otras, siento la necesidad de estar sola, y cerrar los ojos, y como una masoquista nata, pensar en vos y otra vez y otra vez hasta las lágrimas. ¡Cuánto quisiera que todo fuese distinto! ¡Cuánto quisiera que estuvieses a mi lado!

Te recuerdo con mucho cariño, como si todo este tiempo que estuvimos lejos, no hubiese afectado. Parece como si hubiese sido ayer cuando me dijiste adiós. Pero esta eterna esperanza de sentir que vas a volver ya empezó hace rato. Y parece no tener fecha de vencimiento.

A veces siento que daría mi vida porque vuelvas conmigo. Pero otras, siento que estar así fue lo correcto. Hay veces en las que pienso que todo fue un error, que no tendría que haberte dejado ir, que tendría que haberte rogado que me detengas. Hay días, como hoy, en los que necesito un abrazo tuyo y que me digas que todo va a estar bien, porque no lo siento así. Hay momentos en los que desearía no haberte conocido, y hay otros en los que ruego desesperadamente por tu presencia, por tus besos, tus abrazos, tu voz. ¡No imaginarás cuánto la extraño!

Hoy más que nunca, te necesito. Necesito que me calmes como vos sólo sabés hacerlo. Necesito que me hagas saber que no tengo nada de qué preocuparme, porque vos vas a estar siempre ahí conmigo, para mí. Necesito ver tus ojos, hundirme en ellos, y que me contagien esa calma que siempre te inunda. Necesito que me digas esas palabras que quiero oír, que hace mucho no me decís. Necesito que me abraces, que me cuides, que me protejas, porque ya no tengo más fuerzas y no sé cómo seguir.

viernes 22 de octubre de 2010

Y ahora que yo me voy.
Y ahora que vos no estás.
Y ahora que no nos vamos a encontrar más.
Y ahora que no estamos juntos.
Quiero que sepas que te extraño.
Más que nunca en estos últimos meses.
Más que siempre que estuviste conmigo.

(Quiero que sepas que sí, que te extraño.)

sábado 16 de octubre de 2010

Es increíble que ya haya pasado tanto desde la última vez que hablé con vos. Parece más, creí que era más. A veces me cuesta acostumbrarme a ciertas cosas, otras, me niego a hacerlo. Es difícil desacostumbrarse a las cosas, cuando ya están impregnadas a uno. Como una rutina. Tal vez eso extrañe de nuestra relación.

Me resulta complicado acostumbrarme, por ejemplo, a escuchar una canción y no acordarme de vos. Es como un acto reflejo. Cualquier canción me recuerda a vos. Tal vez sea momento de cambiar. Pero como ya lo intenté y no lo logré, tal vez sea tiempo de cambiar las canciones en el iPod. Y olvidar las canciones de amor, de dolor, o ese tipo de música, que logra traer de vuelta tus recuerdos a mi mente. Como si fuese masoquista, te traigo a mi vida, cuando quiero alejarte, te vuelvo a traer, me arrepiento, lo vuelvo a hacer. Sin darme cuenta de que hago lo mismo que no me gusta que me hagas vos. Que te vayas, que vuelvas, que te vayas, y que vuelvas, sin pensar en cómo me afectan a mí, tus idas y vueltas, tus pretextos, tus excusas, tus mil razones sin sentido.

No puedo acostumbrarme a escribir y no pensar en nada de vos. Es como que, si escribo es por vos y para vos. Es así, por más que la dedicatoria no sea explícita, yo sé que sabés que todo esto, va dirigido a vos. Siempre fuiste mi inspiración, y más en esos días en los que nada nos salía como esperábamos. Pero siempre fuiste lo que lograba hacerme escribir, siempre fuiste mi protagonista. En todas las historias, en todos los sentimientos, en cada uno de ellos. Siempre fuiste a quién le dediqué en secreto todas esas cosas que escribí durante unos más de tres años. Siempre fuiste el culpable, el que estaba detrás de cada cosa que se me ocurría. Siempre fuiste vos. Y siempre vas a serlo. Es algo que no va a cambiar.

Hay cosas a las que no me quiero acostumbrar, como a tu ausencia. Yo sé que siempre encuentro mil motivos para traerte de vuelta a mi vida. Encuentro mil maneras para hacerlo. Y aunque me arrepienta, sé que en ese preciso instante, me hace feliz.

Tampoco logro acostumbrarme a cerrar los ojos, sin pensar en vos. Es casi tan indispensable como respirar. Es así de natural que me sale. Como si quisiera vivir otra vez ese momento, y luego otra, y otra. Es así. Así de impregnado estás en mi vida, en mi rutina, en mis cosas, en mis pensamientos, en esto que siento, en mis desvelos, en mis intentos por cambiar, en mis luchas por olvidar. Sos parte de mí, y es algo que no quiero cambiar.

Tampoco va a cambiar el amor que siento por vos, ni en unos meses, ni en unos años; ni las gracias que te voy a seguir debiendo toda mi vida, por enseñarme lo más lindo del amor, lo más humano de una persona, y lo más sensible de un hombre.

sábado 9 de octubre de 2010

Estoy segura de que nadie va a poder amarte como lo hago yo.
(Te lo aseguro.)

domingo 13 de diciembre de 2009


Hoy me siento así. Hoy me abruma esa sensación de que ya no controlo nada de eso, que antes sentía que lo hacía. Que me pierdo de a poco, y no encuentro el camino de vuelta a mi sendero. Que me falta todo eso de lo que antes sobraba. Que tengo un nudo en la garganta, que quiero desatar, y un par de lágrimas que ya no puedo ocultar. Hoy siento un vacío enorme en mi pecho, siento que nada va a poder llenar esos espacios en blanco que tengo en mi memoria. Me siento así de vacía, como si no tuviese nada, como si me hubiesen despojado de todo lo que me pertenecía. Que sólo me queda ese perfume de soledad en el ambiente, y un par de lágrimas dispuestas a ser derramadas.

lunes 2 de noviembre de 2009

Voy a dejarte ir, voy a ayudarte a escapar. Bien lejos. Tan lejos, que tus recuerdos van a fosilizarse en mi memoria. Van a llenarse de pelusas, de polvo, van a oxidarse. Te quiero, pero ya no más. Ya no me voy a desvivir por vos cada vez que vea a través de una ventana empañada en una tarde lluviosa, ya no te voy a recordar cuando lea una historia de amor. Ya no voy a pensarte cuando camine sola por la calle, y necesite sentir tu mano entrelazándose en mis dedos.

No quedarán en mi memoria más que pigmentos de recuerdos viejos, de momentos poco propicios, de estrellas olvidadas. Serás apenas una pizca de todo eso que alguna vez amé. Ya no quedarán rastros tuyos en mí. Yo misma me encargaré de asesinar a cada uno de esos monstruos que supiste crear en mí.

Ya no estás. Y es una afirmación, clara, concisa, irrefutable. Pero siento que ya no me importa. No me importa que estés lejos, que te hayas ido, que me hayas dejado acá, que no te hayas despedido. Porque ya soy inmune a todo eso que alguna vez me causaste. Mis ojos esbozan la forma de las lágrimas, que no voy a derramar. Mi sonrisa oculta los gritos, las frases, los reproches que no voy a darte. Mi corazón se comprime para evitar que se escapen los sentimientos que quedaron atorados. Soy inmune a tu adiós, a tus recuerdos, a tus abandonos, a tus olvidos. Ya no me importa si te acordás de mí, de lo mucho que te amé.

Ya no habrá nada tuyo en mí. Ni restos de felicidad en tu sonrisa, ni el eco de tu voz, ni el tacto de tu piel en mis mejillas. Ni habrá nada mío, que te vaya a pertenecer. Ni mis sueños, ni mis noches, ni mi prosa. Ya no me unirá nada a vos. Ya no sentiré necesidad de saber de vos. Ya no te daré nada.

Quiero que mi sonrisa luzca verdadera, real, sin un sólo rasgo de falsedad. Quiero tomar aire, y no ahogarme por tu perfume, y sentir la necesidad de respirarlo hasta que llene a cada una de mis células. Quiero sentir la libertad en todo mi cuerpo, en mis sentimientos, quiero no atarme más a vos y que me arrastrés a tu antojo. Quiero devolverle el brillo a mis ojos, pero no a causa de lágrimas. Quiero volver a ser quien era, hasta que te topaste en mi camino, por error, y cambiaste por completo mi vida. Quiero no buscarte inconscientemente por cada rincón, no necesitar buscar refugio entre tus labios.

Te estás yendo. Te veo lejos. Como si ya pudiese palpar esa independencia de vos. No voy a detenerte, y me quedaré a mirar cómo te vas, quiero ser testigo de cómo salís de mi vida, de mí, de todo eso que me pertenece. No voy a llorar, ni voy a decirte que todo esto fue una mentira, voy a alejarme con las manos en los bolsillos, con una sonrisa en la mirada, y con la promesa de que con cada paso que dé hacia adelante, voy a quererte menos.

Ya no voy a dedicarte mis pensamientos cuando llegue la noche, y necesite refugiarme en tu figura. Porque no serás más que escasas notas de una vieja canción de amor que ya no te pertenece, no serás más que el nombre que le puse a mis cicatrices cuando te marchaste. Y si, por alguna razón, llegase a llorar, yo sé que será por otro. Y si llegase a amar, sé que será a otro. Y si me entregase por completo, sé que será con otro. Y si me río, me sonrojo, me siento bien, me enloquezco, me vuelvo débil, sea por otro. Algún otro, que me diga que me quiere cuando yo no lo merezca, que me abrace cuando sienta que voy a quebrarme, que me bese cuando diga cosas sin sentido. Necesito llenar mis vacíos con otro amor, otra necesidad, otra obsesión, otras excusas, otra razón para sentir. Porque no sos la única que existe, y yo voy a encontrar las demás, hasta que alguna de ellas logre desplazarte del primer lugar.

Quiero caminar por las calles adoquinadas, y no encontrarme con tu sombra en cada rincón, en cada paredón, en el balcón de algún edificio. Quiero escuchar solamente el ruido de mis tacones en el silencio de la noche, o sentir cómo me acaricia la brisa nocturna y no recordarte. Quiero ver cómo se pierde tu recuerdo en esa calle donde se juntan las cuatro esquinas, donde converge tu calle y la mía. Quiero dormirme una noche sin pensarte, y levantarme una mañana bien temprano y no recordar nada de vos.

miércoles 28 de octubre de 2009

Mientras yo rogaba en silencio que no te fueras, supe que sería disparatado pedirte que te quedaras. Ya no había más de lo que hablar. Ya no quedaban excusas, ya no había razones, ya no me pertenecía nada. Quise mirarte a los ojos, tal vez tus miradas podrían despejar mis dudas. Pero no me atreví, tal vez, temí lo peor. No quería ver tus ojos, adelantándome tu adiós. No estaba dispuesta a perderte. No quise ver lo que me gritaban tus dudas, tus certezas, tu silencio, la poca calma que escondían tus frases. No soportaría verte ir. Duele ver cómo vacilás a la hora de confesarme que me querés, o cómo tiembla tu brazo a la hora de tomar mi mano. Es fácil darse cuenta después de tantos años, ¿Que si hubiera preferido otro final? Claro. Hubiera preferido cualquier cosa. Cualquier cosa que no incluya la palabra final, porque yo sé que hubiera sido hasta la eternidad.


Yo sé que hubiera sido hasta la eternidad...

martes 27 de octubre de 2009

He intentado por todos los medios, no traerte a mi memoria. Creo que necesito un poco de tiempo para empezar a borrar todos los recuerdos que aún albergo en mí. Es cuestión de abrir los ojos, y darme cuenta de que en verdad, no quiero a alguien como tú a mi lado. Tal vez de tantas mentiras, empecé a creerme que en verdad yo era la que fingía sentir amor. Aunque sepa que, a veces, dudo de lo que siento, es un sentimiento tan fuerte, que me hace sentir débil, un sentimiento que ni todo mi cuerpo podría abarcar, me hace sentir escueta, que no me deja tomar decisiones de forma racional, son como pulsiones. Que si quiero quererte, yo sé que voy a hacerlo. Aunque por dentro me diga que no deba. Que si quiero necesitarte, te inventaría en mi mente, como una forma estúpida de hacerme sentirte presente. He intentado, por todos los medios, evitar que te conviertas en alguien indispensable en mi vida; no quiero dártelo todo, sabiendo que, por mucho que yo no quiera pensarlo, terminarías lastimándome. No quiero dártelo todo, aunque sepa que terminaría haciéndolo...

sábado 24 de octubre de 2009

Quiero olvidar el día en el que te conocí, aquel día que acariciaste mis mejillas con tus labios, que te adueñaste de mí, que me hiciste enloquecer. Quiero no recordarte, no necesitarte a todo momento. Quiero dejar de retenerte en mi memoria, de recurrir a tus recuerdos para sentir que te tengo siempre. Quiero dejar de pensar en ti, cada vez que decido dar un paso al costado, o hacia adelante o atrás. Quiero no verte obstruyendo mi paso cada vez que caigo y me levanto, no verte al abrir los ojos. Quiero que escapes una noche de luna llena, mientras yo duerma, no quiero verte ir, porque no sabría cómo hacer para no retenerte. Y yo quiero que te vayas, estuviste siempre acompañándome, pero ya no te necesito a mi lado.

Y quiero olvidar también cada momento que pasé contigo. Cada tarde, cada palabra, cada una de esas charlas mientras tomábamos café. Estás en todas partes, no sé cómo evitar encontrarte. No quiero verte, no quiero sentirte cerca, no quiero volver a sentir que te extraño, ni que te quiero, ni mucho menos que te necesito. Porque eso significaría que volví a mis viejos hábitos. De sólo pensarlo, siento que preferiría ni recordarlo.

Quiero liberarme de ti, de tus recuerdos, de lo feliz que fui contigo. Quiero no tener que sostenerme de nada que tenga que ver con todo aquello que significaste para mí, para no caer. Y fuiste esa luz en mi abismo, lo único visible a kilómetros de distancia, el refugio donde las paredes no se caen a pedazos sobre mí. Prefiero apagar tu luz, prefiero perderme en mi abismo a recurrir a ti. Prefiero consumirme sola. Prefiero no sentir que, además, te debo más que lo que ya me diste, y no pude pagar.

Me despido así, te suelto la mano. Nada de abrazos, porque sé que no podría soltarte, que me haría otra vez parte de ti, que me desvanecería en ti. Ni tus abrazos, podrían evitar que rompa en pedazos, allí, frente a tus ojos. A los mismos, que alguna vez me vieron mejorar, crecer, amar. Quiero que veas, que yo puedo seguir sola, que necesito hacerlo. Quiero que me veas fuerte, mirando hacia adelante, sin lágrimas en los ojos, sin dolor en el pecho, sin un nudo en la garganta, y sin remordimientos. No voy a besarte, porque sabría encontrar un espacio entre tus labios, donde cupiesen todas mis mentiras. No voy a llorarte, ni voy a pensarte mientras intento no abrir los ojos, para no encontrarme con tu mirada de desconcierto. Quiero quedarme sola, mientras oigo tus pasos alejándose de mí, como diciéndome adiós. Como esa inminente despedida que predije desde el principio. No voy a mirar hacia atrás, no quiero sentir que ya voy a empezar a extrañarte.

Quiero que no te acuerdes de mí, que borres todo lo que te haga recordarme, como yo no podré hacerlo. Quiero no pensarte, ser capaz de quebrar todo vínculo que me une contigo. Quiero dejar de lastimarme, pero en cambio, sé que te terminaría destruyendo. No quiero hacerte mal, no quiero que me veas caer. No quiero ser yo la causa de todos tus problemas. Por favor, vete ahora, porque no creo ser capaz de pedírtelo de nuevo. Lo dejaste todo, plasmado en mi piel, en mis labios secos, cansados de besarte con los mismos labios que ocultaban mis mentiras. Dejaste tus marcas, como tatuadas en mi piel, y aunque no se noten, yo sé que están.

Quiero decirte hoy, que hasta acá llegué, que no puedo seguir más con todo esto y que no sé cómo aguanté hasta esta instancia. Hoy me quiero despedir, de la manera correcta. Con un adiós, sin excusas en los bolsillos, y con el corazón en la mano. No quiero hablar de promesas incumplidas, de lágrimas, ni de felicidad. No quiero mencionar el paso del tiempo como culpable, ni la rutina ni nada de eso. Yo misma me encargué de destruirlo todo. Lo sé. Yo desgasté el amor, cuando era lo único que quería. Yo te pedí que no lo hicieras, yo te rogué que no me quisieras: que no te convenía. Yo quería que te alejaras, desde un principio, pero así como eras, te acercaste. Tiraste todo por la borda. Me abrazaste. y ese abrazo, aunque jamás lo haya dicho, cambió mi mundo. Movió mi suelo, me llevó a esa realidad que siempre quise descubrir y sólo esa vez encontré.

Eres perfecto, para mí, pero yo no te merezco. Yo sólo podría lastimarte. Yo sólo podría darte más dolores, aunque te ame. Quiero encarcelar todo lo que me haga recordarte, quiero no tener medios para hacerlo. Me va a doler. Y voy a matar por verte bien, cuando yo no lo esté. Yo quiero la felicidad absoluta para ti, y sólo por eso sé que lo que siento, es amor del verdadero. Tal vez mi concepto de amor, sea diferente al tuyo. Jamás llegué a entender tu concepto, si yo no quise, ¿Cómo es que explicas que yo me desvanecía por ti? Mi concepto, amor, así, nada más, sin complicaciones, sin muchas vueltas. Amar por amar, sin causas, sin excusas, irracional.

Necesito dejarte ir. Quiero verte bien, quiero que seas tan libre como me gustó eso de ti. Quiero alejarme, para sentir, que después de tantos años, aprendí de mis errores, para no volver a repetirlos. No quiero atarte a este infierno, no quiero llevarte conmigo. Yo quiero que te quedes ahí, lejos, donde no pueda alcanzarte y tomarte con mi mano, no quiero tentarme y arrastrarte conmigo. Yo creo que tu felicidad, es lejos de mí. Y podría apostar que mi felicidad, no es aquí, ni en este lugar, ni a tu lado. ¿Será que, al igual que tú, yo tampoco sé amar?
 
Al borde del Amor .. Design by Pocket